
MOTIVO
viernes, 24 de julio de 2026
ARGENTINO A MUCHA HONRA

lunes, 20 de julio de 2026
ORGULLO DE SER ARGENTINO

Siento la tristeza y la frustración que siente cualquier hincha cuando ve escapar el sueño de salir campeón del mundo a tan pocos minutos del final. Sería hipócrita decir otra cosa. Duele mucho porque Argentina estuvo peleando hasta el último aliento, después de siete partidos, donde dejó el alma en cada jugada y justo, en el octavo y último encuentro, el cansancio y desgaste físico, hicieron que no pudiera lograr el objetivo de la cuarta copa mundial. Y hay algo que duele casi tanto como haber perdido, es la deshonestidad intelectual de quienes pasaron semanas intentando convencer al mundo de que Argentina no ganaba por mérito propio, sino por supuestas ayudas, arreglos o privilegios imaginarios. El seleccionado argentino protagonizó una campaña extraordinaria; remontó encuentros que parecían perdidos, desafió el agotamiento, las lesiones y la lógica. Llegó a la final, después de un desgaste físico enorme con un día menos de descanso que España y con jugadores que terminaron prácticamente, sostenidos por el orgullo y el amor por la camiseta. Aun así, luchó hasta el último segundo. Resulta indignante escuchar y ver a los que construyeron relatos miserables sobre supuestos favoritismos de árbitros y FIFA sin una sola prueba concreta, evidenciado por los mismos partidos que demostraban todo lo contrario. Todos los que se montaron a esa caravana de malintencionados, confundiendo el análisis con la difamación, se merecen que los ignoremos. Me refiero a periodistas operadores y seguidores de distintos países que se dejan arrear como ovejas de corral, repitiendo sistemáticamente, las falacias instaladas. Argentina remontó partidos que parecían perdidos, resistió momentos dramáticos, jugó al límite de sus fuerzas y llegó a la final dejando el alma en el camino, y eso lo vieron millones de personas por televisión. Y ahora que la final se perdió, muchos de estos mismos personajes siguen burlándose, despreciando y atacando. Nunca les interesó la verdad. Si Argentina ganaba, era porque estaba favorecida; si pierde, es motivo de celebración. Así de simple y así de pobre. Es la mezquindad de quienes viven pendientes del fracaso ajeno para compensar sus propios resentimientos. Me quedo con estos jugadores que nunca bajaron los brazos, me quedo con Messi dejando hasta la última gota de energía y me quedo con Scaloni y todo el equipo técnico con su dignidad de haber peleado hasta el final luchando de frente. Todos los demás, que hablan y hablan, fueron quedando afuera, uno por uno. La copa quedó en manos de España que, con su juego en equipo, medido, moderado y simple, logró el objetivo tan ansiado. Las finales se ganan o se pierden. Lo que no se pierde es el respeto que se gana en la cancha y Argentina, se ganó el respeto de los que valoran el esfuerzo, la honestidad y la grandeza deportiva. El orgullo de ser argentino permanece más vivo que nunca. ¡Gracias, muchachos!
domingo, 12 de julio de 2026
ARGENTINA SIEMPRE HACE LO MISMO

Me resulta llamativo escuchar a ciertos periodistas, medios y comunicadores de distintos países insistir con la idea de que Argentina recibe ayudas arbitrales. Lo curioso es que esa acusación se repite una y otra vez, pero no viene acompañada de pruebas concretas. Lo reiteran con tanta insistencia que parecerían querer convertir una opinión en verdad. El problema que tienen es que la realidad tiene una costumbre bastante molesta para ellos: no se deja reemplazar solo por relatos. Lo más llamativo es que nadie puede señalar una mínima jugada que haya definido un partido a favor de Argentina. Ni una. Todas las decisiones discutidas fueron tomadas dentro de lo que establece el reglamento. Podrán gustar más o menos, podrán interpretarse de distintas maneras, pero hablar de una conspiración o de una ayuda sistemática es sencillamente una fantasía. Me encanta debatir de fútbol cuando del otro lado hay argumentos, análisis y razones porque el intercambio de opiniones siempre enriquece, pero lo que me resulta tomar en serio son las descalificaciones, las agresiones y las teorías sin fundamento. Supongamos por un instante, sólo para darle entidad a un absurdo que imagine que la FIFA quisiera favorecer a Argentina. ¿Para qué? ¿Qué ganaría la FIFA con que Argentina salga nuevamente campeona del mundo en forma consecutiva y no lo haga otra selección? Nadie logra responder esa pregunta elemental porque la acusación se derrumba por su propio peso. Es una construcción nacida del resentimiento más que de la lógica. Cuando un equipo gana, siempre es más fácil hablar de conspiraciones que reconocer méritos y convertir cada triunfo argentino en una sospecha permanente es dejar de lado la realidad que indica que Argentina lleva décadas escribiendo páginas importantes en la historia del fútbol mundial. No estamos hablando de una sorpresa pasajera, estamos hablando del campeón del mundo que, nuevamente, está entre los cuatro mejores del planeta; sin desplegar, quizás, el brillo que mostró en Qatar 2022, pero demostrando una vez más, carácter, jerarquía y una mentalidad competitiva que muy pocos poseen. Argentina es la única selección de América hispana que llegó a estas semifinales rodeada de potencias europeas y lo hizo por mérito propio, no por favores imaginarios. Somos una Nación que disputó seis finales del mundo y conquistó tres títulos. Puedo entender la rivalidad y las preferencias; también comprendo que muchos quieran que Argentina pierda (es parte del juego), pero lo que no alcanzo a digerir es la necesidad permanente de desmerecer cada logro argentino inventando ayudas inexistentes, que no tienen fundamento alguno, insisto. Podrá gustar más o menos nuestro estilo; podrán simpatizar o no con nuestra Selección, pero negar la dimensión futbolística de Argentina, ya no es una opinión; es simplemente, desconocer la realidad. Y quizás sea lo que más molesta a algunos, porque aun cuando no juguemos nuestro mejor fútbol y nos exijan más que a cualquier otro, Argentina sigue estando entre los protagonistas del mundo. A quienes esperan nuestra caída, les agradecemos la atención; nosotros, seguiremos alentando a la Selección y disfrutando del privilegio de ver a Argentina competir, una vez más, en la élite del universo futbolístico. Mientras algunos buscan conspiraciones, Argentina sigue haciendo lo mismo de siempre: salir a la cancha, competir y ganar. Y eso, por suerte para nosotros y por desgracia para los dolidos y rencorosos, todavía no puede decidirlo ningún árbitro.
jueves, 9 de julio de 2026
INDEPENDENCIA ARGENTINA
.jpg)
domingo, 5 de julio de 2026
CIPAYISMO

El cipayismo no comienza cuando se admira a otro país; comienza cuando se desprecia el propio. No hay nada reprochable en reconocer virtudes ajenas, pero sí hay algo profundamente triste cuando una dirigencia pierde el sentido de pertenencia y actúa como si la Nación que gobierna fuera apenas una sucursal de intereses extranjeros. Los pueblos dignos pueden equivocarse, atravesar crisis o sufrir derrotas, pero conservan algo irrenunciable: el respeto por sus símbolos, su historia y su soberanía. Cuando ese respeto se diluye, aparece una forma de servidumbre que no necesita cadenas ni ejércitos. Es una sumisión cultural y política que lleva a algunos a creer que todo lo propio vale menos y que todo lo extranjero merece reverencia. El cipayo no es quien dialoga con el mundo, es quien se arrodilla ante él; no es quien coopera con otras naciones; es quien renuncia a defender la suya. Y lo más preocupante no es la existencia de dirigentes con esa mentalidad, sino la indiferencia de una sociedad que termina acostumbrándose a gestos que, en otro tiempo, habrían despertado un rechazo inmediato. Una patria no se pierde solamente por invasiones o derrotas militares, también puede herirse o deteriorarse cuando se instala la idea de que el orgullo nacional es un defecto, que la soberanía es una molestia y que la identidad propia debe ceder ante la admiración servil por poderes externos. Allí es donde el cipayismo deja de ser una actitud individual para convertirse en un tema complejo y colectivo. Amar a la patria no implica odiar a otros pueblos; significa, simplemente, no aceptar que la dignidad nacional sea negociada, relativizada o humillada; porque un país que deja de respetarse a sí mismo termina enseñándoles a los demás que tampoco deben respetarlo. La patria no es una ideología, ni un gobierno de turno. La patria es la memoria de quienes nos precedieron, el esfuerzo de quienes hoy transitamos el presente y la esperanza de quienes vendrán más adelante. Por eso duele tanto verla humillada y duele aún más, la indiferencia de quienes ya no perciben la ofensa. En fin... tristísima realidad que nos toca atravesar y que, en algún momento cercano, ojalá se revierta.
miércoles, 1 de julio de 2026
OJOS ABIERTOS Y CORAZÓN ATENTO

jueves, 11 de junio de 2026
MUNDIAL DE FÚTBOL / MÉXICO - 1986 / 2026

domingo, 7 de junio de 2026
RESISTENCIA

lunes, 1 de junio de 2026
LA GENTE Y EL CARIÑO A TRAVÉS DEL TIEMPO

lunes, 25 de mayo de 2026
NUESTRO PAÍS EN EL CORAZÓN

El 25 de Mayo no es solamente una fecha histórica. Es el grito de un pueblo que quiso ser dueño de su destino, de su identidad y de su dignidad. Ser argentino y sentirse intensamente argentino es un sentimiento que se lleva en el alma, en la memoria y en el compromiso con nuestra tierra, pero de verdad, no solamente para salir a festejar cuando salimos campeones del mundo en fútbol. Hoy, más que nunca, hace falta defender la patria de aquellos que la entregan por intereses personales, de los cipayos que desprecian lo nuestro y de los vende patria que creen que amar a la Argentina es cosa del pasado. La patria no se negocia. La patria se honra, se respeta y se defiende. Yo siento a nuestra bandera, sinceramente, como un símbolo de pertenencia. Sigo creyendo en nuestra cultura, en el pueblo trabajador y en el orgullo inmenso de decir donde voy: “SOY ARGENTINO”. ¡Feliz 25 de Mayo para todos los que sienten nuestro país, realmente, en el corazón!
