MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

viernes, 24 de abril de 2026

SEGUIR CAMINANDO

No es fácil ser optimista cuando el contexto golpea fuerte. No es fácil sostener la fe cuando lo que se ve, invita más a la preocupación que a la esperanza. Pero quizá el optimismo no sea negar lo que pasa, sino elegir no endurecer el alma frente a lo que pasa. Porque hay algo que ninguna crisis puede llevarse: los valores con los que uno decide vivir. La honestidad, la sensibilidad, la solidaridad, el amor por lo que uno hace y por la gente que lo acompaña. Eso no depende de ningún gobierno, ni de ningún momento económico. Eso es una decisión íntima, profunda, que se renueva todos los días. Hoy, Argentina duele. No hay que negarlo o hacer como que no pasa nada, como veo a muchos que intentan desviar la mirada. Quizás sería mucho más sencillo publicar otro tipo de contenido, pero siento la necesidad de compartir lo que pienso y siento. Cuesta ver un horizonte claro, pero, también es cierto que la historia nunca es una línea recta, y los pueblos tienen una enorme capacidad de levantarse, de reinventarse, de volver a creer. Y ahí es donde empieza lo importante: en lo que cada uno hace con lo que le toca. En cómo uno sigue, en cómo uno cuida a los suyos, en cómo uno elige no perder la emotividad, la dignidad, la ternura, aún en tiempos complejos y difíciles como éste. Porque al final, nuestros hijos no solo heredan un país. También heredan nuestra manera de pararnos frente a la vida. Y si algo vale la pena dejarles, más allá de cualquier circunstancia, es eso: la convicción de que, incluso en la oscuridad, siempre hay una forma de seguir caminando con luz propia.

domingo, 12 de abril de 2026

EL MAR

El mar me transmite equilibrio espiritual, paz interior y serenidad emocional. Es un refugio mágico que proviene desde la inmensidad de las olas y el sonido del viento. Me transporta a la simpleza, a la armonía, a la calma. Cualquier ciudad que tenga mar es mi lugar. Me hace reflexionar, reafirmar mis convicciones, creer en la bondad, valorar la humanidad, consolidar la solidaridad y ratificar la idea de que el mundo se merece un trato mejor. En el ir y venir del oleaje, comprendo que todo pasa, menos lo que uno siembra con el alma. Frente al mar, todo encuentra su lugar… incluso uno mismo; tal vez por eso, vuelvo siempre a él para no olvidar quién soy, ni en qué creo, y entonces confirmo que la verdadera profundidad no está en su infinito, sino en lo que ese mar gigantesco despierta dentro de uno. Y ahí, en silencio, me reencuentro con lo primordial: ser honesto, hacer el bien y no olvidar mi esencia, que es lo que me hace vivir con verdad, sosteniendo los valores que mis viejos me inculcaron, creyendo en las personas buenas, porque al final, lo único que realmente trasciende es lo que hacemos por los demás. Desde hace un largo tiempo, entiendo que la vida vale por lo que uno siente… pero mucho más por lo que uno es capaz de dar. Ojalá lo pudieran entender los que tienen el poder y se dedican a destruir y odiar, en vez de construir y querer.

sábado, 11 de abril de 2026

ENTRE EL RUIDO Y EL SENTIDO

Vivimos un tiempo donde el ruido le ganó terreno al sentido. En la política, en lo social y también, en lo cultural, en lo artístico, en lo musical. Se premia lo inmediato, lo provocador, lo grotesco; no porque diga algo verdadero, sino porque ‘llama la atención’. Y eso no es casual. Cuando se vacía el contenido, es más fácil manipular, distraer y anestesiar. Así siento a la sociedad actual. Desde lo personal, me refiero a lo artístico y musical, porque me afecta directamente con tristeza y dolor. El arte debería ser refugio, belleza, pensamiento y emoción compartida, aunque hoy, muchas veces, queda reducido a mercancía rápida, a slogan pobre y a letra sin alma. No es que falte talento, al contrario, existe y mucho, pero falta cuidado, profundidad y respeto. Y eso genera una sensación de intemperie para quienes creemos, por ejemplo, que la música, todavía puede abrazar las almas, incomodar con elegancia o decir verdades sin gritar. Yo soy un baladista que canta temas simples, discretos, sinceros, sin ninguna otra pretensión más que hablar del amor que nos atraviesa a todos, en menor o mayor medida, abordando la música desde la modestia y la sencillez. La sensibilidad que me acompaña desde siempre, hace que me sienta apenado por esta realidad y vislumbro que la mediocridad puede producir más ruido, pero no es mayoría (aunque nos vendan lo contrario); que el mal gusto se exhibe masivamente, pero no representa a todos (aunque nos quieran hacer creer que sí) y que lo verdaderamente auténtico no desaparece (aunque se vuelva más silencioso y más necesario). Sé que compartir una reflexión propia no va a cambiar el mundo, pero le puede dar otro aire a quien la lee y eso, para mí, ya es muchísimo.