MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

lunes, 25 de mayo de 2026

NUESTRO PAÍS EN EL CORAZÓN

El 25 de Mayo no es solamente una fecha histórica. Es el grito de un pueblo que quiso ser dueño de su destino, de su identidad y de su dignidad. Ser argentino y sentirse intensamente argentino es un sentimiento que se lleva en el alma, en la memoria y en el compromiso con nuestra tierra, pero de verdad, no solamente para salir a festejar cuando salimos campeones del mundo en fútbol. Hoy, más que nunca, hace falta defender la patria de aquellos que la entregan por intereses personales, de los cipayos que desprecian lo nuestro y de los vende patria que creen que amar a la Argentina es cosa del pasado. La patria no se negocia. La patria se honra, se respeta y se defiende. Yo siento a nuestra bandera, sinceramente, como un símbolo de pertenencia. Sigo creyendo en nuestra cultura, en el pueblo trabajador y en el orgullo inmenso de decir donde voy: “SOY ARGENTINO”. ¡Feliz 25 de Mayo para todos los que sienten nuestro país, realmente, en el corazón!

viernes, 22 de mayo de 2026

MÚSICA, VALORES Y REALIDADES

La música cambió muchísimo... y no hablo sólo de estilos o tecnologías; hablo del valor que se le da al artista, al trabajo, al esfuerzo que hay detrás de cada espectáculo. Armar un show, implica ensayos, músicos, sonido, iluminación, escenografía, producción, teatro… mucho trabajo y una gran inversión. Todos se llevan lo suyo como corresponde, pero el cantante, en muchas oportunidades, termina trabajando casi para empatar el costo, y eso provoca tristeza y decepción porque uno ama profundamente lo que hace, pero, también, necesita vivir de su profesión con dignidad. No son muchos los espacios que hay para mostrar lo propio, más allá de estadios y grandes teatros, y muchas veces esos pocos lugares se aprovechan de la necesidad de los artistas. Vivimos una época donde es mejor aparentar que todo está perfecto y maravilloso. Muchos muestran éxitos, lujos, giras o una felicidad exagerada, cuando en realidad detrás de esa imagen, muchas veces, hay vacío, angustia o una enorme necesidad de aprobación. Se volvió más importante parecer que ser y esa falsedad, tarde o temprano, se nota. Quizás, escribir abiertamente lo que uno siente, no sea lo más conveniente en un mundo tan hipócrita. Tal vez sería más fácil no decir nada, o subir solamente fotos felices, algunas frases y demostrar que todo es esplendoroso. Pero la realidad no es así. Yo asumo mi honestidad, a veces hasta demasiado brutal, porque nunca me gustó aparentar lo que no soy. Prefiero ser auténtico antes que convertirme en un personaje patético para agradarle a todo el mundo, como hacen muchos. No escribo esto desde el derrotismo, todo lo contrario. Sigo creyendo en la música, en el público y sigo poniendo lo mejor de mí para seguir adelante. Pero también creo que está bien decir lo que uno siente. Mostrar solamente una sonrisa permanente, sería una forma de engaño, también. Los que vivimos del arte sabemos que no elegimos este camino por comodidad, lo hacemos por vocación, por pasión y por amor. Aunque a veces uno se caiga un poco anímicamente, también encuentra fuerzas para volver a levantarse. Imagino que muchos se sentirán identificados, incluso aquellos que no se animan a decirlo públicamente

miércoles, 6 de mayo de 2026

VALE LA PENA

Hay momentos en la vida en los que uno camina en una delgada línea entre la decepción y la esperanza. No es resignación, pero tampoco es ingenuidad. Es una especie de lucidez emocional; ver las cosas como son, sin maquillaje, eligiendo no endurecer el corazón. La decepción aparece cuando la realidad no está a la altura de lo que uno cree, espera o entrega. Duele, porque uno no se decepciona de lo desconocido, sino de aquello en lo que confió. Sin embargo, esa misma decepción también enseña: nos vuelve más conscientes, más selectivos, más atentos. La esperanza, en cambio, no es negar lo que pasa. Es sostener, aún con las pruebas en contra, la convicción de que no todo está perdido. Es una forma de coraje silencioso: seguir creyendo, incluso cuando sería más fácil dejar de hacerlo. Ser optimista en este contexto no es vivir en una fantasía. Es una decisión. Es pararse frente a la realidad, a veces dura, a veces injusta, y aún así elegir no contaminarse con lo peor de ella. Porque la realidad puede mostrarnos egoísmo, indiferencia o hipocresía… pero también, aunque a veces cueste más verla, sigue habiendo gente con valores, con sensibilidad, con verdad en sus actos. Y ahí es donde uno tiene que apoyarse: en lo que es, en lo que ha construido, en lo que siente de verdad. Al final, todo se reduce a una confianza íntima: saber que uno no está equivocado por sentir como siente, por creer en lo que cree. Y entender que, aunque el mundo a veces parezca inclinarse hacia otro lado, siempre hay almas que resisten desde la nobleza. Y mientras esas almas existan (y existen), vale la pena seguir siendo quien uno es.

domingo, 3 de mayo de 2026

DETRÁS DE LAS DECISIONES HAY PERSONAS

A veces no es enojo lo que uno siente, sino vergüenza. Vergüenza de ver cómo la política, que debería ser una herramienta para mejorar la vida de la gente, se transforma en un espectáculo de confrontación, soberbia y distancia con la realidad. No importa de qué lado se esté: cuando se pierde el respeto, cuando se banalizan los problemas profundos de la sociedad y cuando el poder parece más interesado en imponerse que en escuchar, algo se rompe. Y lo que se rompe no es solo la confianza en un gobierno, sino en la política misma. Argentina no necesita gritos, ni insultos, ni divisiones constantes. Necesita sensibilidad, diálogo y grandeza. Necesita dirigentes que entiendan que detrás de cada decisión hay personas, historias, esfuerzos y sueños. Pero también hay algo que no se puede ignorar: la esperanza no es infinita. La paciencia de la gente tiene un límite. Y cuando ese límite empieza a alcanzarse, el clima social se vuelve cada vez más frágil. La perversión, el cinismo, la corrupción y el odio no conducen a nada bueno. Ojalá no lleguemos a un punto de quiebre. Nadie quiere un desenlace doloroso. Pero es imposible no sentir que se está empujando a la sociedad hacia un lugar peligroso. Por eso, más que nunca, hace falta responsabilidad, conciencia y humanidad desde quienes tienen el poder. Porque cuando la paciencia se agota, lo que sigue no suele ser bueno para nadie. Ojalá no sigan tirando de la cuerda y recapaciten... aunque por las acciones y los perfiles, pareciera algo bastante difícil de lograr.

sábado, 2 de mayo de 2026

DÍA DEL TRABAJADOR

Ayer fue "El Día del Trabajador" y no fue un día más. No alcanzó con repetir frases hechas ni con desear “feliz día” como si la realidad no doliera. El trabajo dignifica, sí. Pero también es cierto que cuando falta, cuando se pierde, cuando se precariza, lo que se hiere no es sólo el bolsillo: es la esperanza, la estabilidad, el proyecto de vida. Estamos viviendo tiempos difíciles en la Argentina. Cada vez hay más gente que se queda afuera del sistema, más familias que hacen cuentas imposibles, más incertidumbre que certezas. Y frente a eso, no se puede mirar para otro lado ni disfrazar de épica lo que en la vida cotidiana es angustia. Hay decisiones que duelen. Duelen en el trabajador que pierde su empleo, en el jubilado que no llega a fin de mes, en el médico que no tiene recursos, en el docente que sostiene como puede, en el estudiante que ve su futuro más lejos, en el enfermo que necesita respuestas y no las encuentra. No es pesimismo: es realidad, y reconocerla también es una forma de respeto. Pero incluso en este contexto, hay algo que no se pierde: la dignidad de la gente que sigue levantándose cada día, que busca, que pelea, que no se resigna. Esa fuerza silenciosa es la que sostiene al país desde siempre. Hoy, más que nunca, el verdadero homenaje no es una frase bonita, sino el compromiso de no naturalizar el dolor del otro. De tener sensibilidad. De no perder la humanidad. Porque el trabajo no es solo una estadística ni un número en un discurso: es la vida misma. Cumplí en desear un feliz día a quienes trabajan, a quienes buscan trabajo, y a quienes no bajan los brazos, pero con un sentimiento distinto al de otros años. Ojalá, los que vengan, sean distintos, mejores, y podamos desear sin medias tintas: ¡Feliz Día, laburantes!