
Celebro cada triunfo de nuestra Selección y disfruto como tantos argentinos ver a Messi seguir haciendo historia. El fútbol nos regala una alegría necesaria en tiempos difíciles. Pero también creo que no deberíamos permitir que la emoción de un Mundial nos haga perder de vista la realidad cotidiana. Hay millones de personas que siguen luchando para llegar a fin de mes, comerciantes que venden menos, trabajadores que no encuentran respuestas y una dirigencia política que muchas veces parece más preocupada por sus propios intereses que por los problemas de la gente. Y lo que más me preocupa es cierta resignación que parece haberse instalado en nuestra sociedad. Como si nos fuéramos acostumbrando a situaciones que deberían hacernos reflexionar, debatir y participar más activamente en la construcción de un mejor país. Disfrutemos del fútbol, de la música, del teatro, de todas las cosas lindas que tiene la vida y de esos momentos que nos unen como pueblo, pero sin dejar de pensar, sin dejar de observar y sin dejar de exigir la honestidad, la responsabilidad y el compromiso que Argentina merece. Una alegría no debería tapar una preocupación. Ambas pueden convivir, pero siempre acompañadas por la conciencia social, porque celebrar también es compatible con mantener los ojos abiertos y el corazón atento a la realidad.

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