MOTIVO

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martes, 6 de octubre de 2026

CHAU, LEO. GRACIAS, LEO. POR TODO

Hoy se cierra una etapa y aunque uno sepa que los ciclos terminan, hay algunos que cuesta despedir. Fueron 21 años con la camiseta argentina. Veintiún años de alegrías, emociones, de partidos inolvidables y, también, de momentos difíciles. El camino de Lionel Messi con nuestra Selección no siempre fue sencillo, y quizás por eso tiene, todavía, más valor todo lo que finalmente consiguió. Soy Maradoniano; Diego ocupa un lugar irremplazable en mi corazón y no me interesa entrar en la eterna discusión que siempre se planteó sobre uno y otro. Son épocas distintas, personalidades diferentes y maneras opuestas de vivir el fútbol y la vida personal. Messi, con su forma más introvertida, más silenciosa, más reservada, se terminó convirtiendo en uno de los hombres que mejor representaron nuestra camiseta, al igual que Diego, con su extrovertida manera de encarar todo. Leo no necesitó demasiadas palabras, habló jugando. Y nos dio mucho más de lo que una gran cantidad de hinchas esperábamos en determinado momento crítico de su carrera en la Selección. Su lucha, tesón y pasión, me hizo Messiático, también. Hoy se despide como máximo goleador histórico con 125 goles en 207 partidos, siendo ya una leyenda indiscutible del fútbol mundial. Pero detrás de esos números hay algo que las estadísticas nunca podrán explicar: lo que sentimos millones de argentinos cada vez que lo vimos ponerse la celeste y blanca. Nos hizo llorar, nos hizo gritar, abrazarnos con propios y extraños y, finalmente, nos regaló aquello que durante tantos años parecía imposible: volver a ver a Argentina campeona del mundo. Hemos sido contemporáneos del mejor jugador de la historia, aunque cada uno elija el suyo. Tuve el privilegio de ser testigo presencial de los tres campeonatos mundiales que ganó Argentina en 1978, 1986 y 2022; también viví como hincha las finales que perdimos en 1990, 2014 y 2026. De las siete finales que disputó nuestra Selección en toda la historia de los mundiales, solamente me quedó fuera de mi memoria personal, aquella primera de 1930, porque todavía no había nacido. Tuve la fortuna de acompañar como hincha casi toda la historia mundialista de nuestra camiseta. Vi a Kempes, Maradona y Messi levantar la Copa del Mundo, vi llorar de alegría a generaciones enteras, y cada uno de ellos, a su manera, están en nuestros corazones. Desde mi humilde lugar de hincha de la Selección, quiero decirte gracias, Leo, por haber dejado tanto en cada partido y por haber conseguido que una pelota, una camiseta y un país pudieran volver a emocionarse juntos tantas veces. Quizás esta noche haya algún gol más, o quizás no, pero el resultado ya está escrito. Sos parte para siempre de la historia futbolística, de la historia de la Selección argentina y, para los que amamos el fútbol, también, sos parte de nuestra propia historia. CHAU, LEO. GRACIAS, LEO. POR TODO.

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