
Veo crecer una campaña de desprestigio en internet contra Argentina que ya excede largamente cualquier rivalidad futbolística. Se repiten mentiras, descalificaciones y ofensas, acusándonos de racistas, tramposos, sucios, delincuentes y un cúmulo de barbaridades más que no tienen veracidad, ni fundamento. Lo más alarmante es que muchos repiten esas acusaciones como loros, sin haber pisado jamás Argentina, sin conocer nuestra cultura, nuestra historia, ni a nuestra gente. Se construye un relato falso y se lo multiplica hasta convertirlo en una supuesta verdad. Así funcionan muchas de las operaciones de odio de estos tiempos. Y cuando el odio se instala, deja de ser una simple opinión; se transforma en agresión, discriminación y violencia. Ver cómo una persona puede ser insultada o incluso golpeada por llevar una camiseta argentina no debería parecerle normal a nadie; Sin embargo, hay quienes lo celebran, lo justifican o miran para otro lado. No sé quiénes impulsan esta maquinaria de desprecio ni cuáles son sus verdaderos intereses. Lo que sí sé es que nada bueno puede surgir de señalar a todo un pueblo como si fuera culpable de algo sin ser cierto. Vivimos una época donde las noticias falsas circulan más rápido que los hechos, donde la manipulación se disfraza de información y donde cada vez más personas prefieren callar antes que expresar lo que piensan. El miedo, la intolerancia y la agresividad se han convertido en herramientas cotidianas de quienes buscan dividir a las sociedades. Yo no voy a avergonzarme de ser argentino, ni a pedir disculpas por haber nacido en esta tierra. Como cualquier nación, tenemos errores, defectos y problemas, pero también tenemos una historia inmensa, una cultura extraordinaria, científicos y médicos admirados en el mundo, artistas, deportistas, trabajadores y millones de personas de bien que se levantan cada día para salir adelante. Me duele y me irrita profundamente ver cómo se intenta instalar una imagen degradada de nuestro país y si seguimos aceptando que el odio y la mentira ocupen el lugar de la verdad y el respeto, el problema ya no será solamente contra Argentina, será contra cualquiera y eso debería preocuparnos a todos.

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