
Uno se levanta cada día con la intención de mirar la vida con optimismo y confianza, agradeciendo la salud propia, la de los seres queridos, los afectos, el trabajo y los proyectos que nos impulsan a seguir adelante. Pero también abrimos los ojos a una realidad que duele y lastima. Vemos un país golpeado, con instituciones debilitadas, con la educación, la salud y la asistencia a los más vulnerables, atravesando momentos muy difíciles. Y es inevitable sentir tristeza, preocupación e impotencia. A pesar de todo esto, me resisto a que el desaliento nos gane la partida; elijo seguir adelante, trabajar, crear, soñar y mantener viva la esperanza, aunque cada día se dificulte más. Rendirse, para mí, nunca es una opción y siempre creo en la solidaridad, en la sensibilidad humana y en la fuerza de quienes, aun en tiempos extremadamente complejos, seguimos apostando por una realidad más equilibrada, más justa, más moderada y mucho más ecuánime. Se hace demasiado dificultoso cuando los que llevan adelante el mando y las decisiones del país tienen características marginales, ofensivas, mentirosas, psicóticas, insultantes y, sobre todo, inconstitucionales. Los que tienen la responsabilidad de representar una alternativa política, tienen que comprender la urgencia del momento que vivimos, dejando de lado egoísmos, diferencias, mezquindades y posturas inconducentes para construir una verdadera unidad, pero no de la boca para afuera, para seguir ‘rosqueando’, pensando en intereses personales o partidarios, sino en una fuerza sólida y generosa puesta al servicio de la gente, de sus necesidades y del futuro de todos. Parece parte de un discurso repetido y desgastado, que tantas veces hemos escuchado, pero me parece que es hora de asumir nuestro país pensando de verdad en el pueblo; sin curros, sin arreglos, sin convenios por debajo de la mesa, sin corrupción. Basta de robar. Estamos hastiados de los políticos que vienen a salvarnos la vida con sus teorías económicas e ideológicas y lo único que hacen, es seguir afanando como pueden y lo que pueden. Basta de corruptos, hipócritas, estafadores, y ladrones de guantes blancos, rojos o azules. Basta de discursos incoherentes, puestas en escena ridículas, puteadas constantes, posturas vergonzosas y delirios místicos absurdos. Basta de decisiones perversas, discursos cínicos y decretos engañosos que lo único que generan es la desgracia de los ciudadanos comunes y el beneplácito del selecto grupo que domina el dinero y el poder. Que nada ni nadie nos quite la capacidad de creer, de luchar y de mantener encendida la buena energía, porque los pueblos salen adelante cuando conservan la esperanza y cuando quienes deben representarlos están a la altura de las circunstancias.

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