MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

lunes, 24 de agosto de 2015

DOLOR EN MI CORAZÓN

Estoy angustiado, dolido, acongojado, atormentado y me pongo a escribir… no sé bien por qué, quizás porque muchas veces, la angustia y el dolor hacen que uno no sepa ni pueda manejar las sensaciones que oprimen al corazón y volcar los sentimientos escritos es una manera más de canalizarlos… digo… pienso… o me conformo con la idea…
Lo que se escribe, queda, no se olvida ni se pierde, se guarda en el alma, pero también se comparte, y el hecho de testimoniar ese registro escrito de sensaciones, por lo menos en este momento, me hace bien, me sirve como descarga, me ayuda a sobrellevar el desconsuelo y el pesar que provoca la muerte… 
Tristemente, este mundo convulsionado que vivimos en la actualidad, rodeado de violencia, crueldad y salvajismo, nos hace cada vez más inmunes a la muerte; cotidianamente, vemos, leemos y escuchamos en las noticias la palabra muerte, y uno, sin darse cuenta, se va poniendo más resistente e invulnerable, pero cuando la muerte nos toca de cerca, de muy cerca, esa supuesta protección subconsciente que utilizamos, se desmorona.
Falleció Carola Zulema Leyton y para mí es como si se hubiese ido un pedazo de mi historia, parte de mi familia. Carola era, es y será siempre la mejor amiga de mi madre, la persona que siempre tenía una sonrisa en los labios, una palabra cariñosa, un gesto amoroso, una actitud sensible. Para todos los seguidores de Favio, seguirá siendo eternamente ‘Carolita’ (así la llamaba Leonardo), para mí, continuará en mi recuerdo y en mi corazón como alguien que quise mucho, mucho, que conocí desde muy niño y aprendí a adorar con el correr de los años como a alguien de mi familia.
Ella, además de haber sido la fiel compañera de mi entrañable Leonardo Favio, es la mamá de Nico y Pupy, dos seres tiernos, nobles, genuinos, que ella trajo al mundo y que cuidó intensamente, siempre.
Si todos los que la queremos tanto, estamos tan consternados y abatidos, no puedo imaginar lo que sufrirán ellos, sus hijos, que la aman con locura y a los cuales ella les ha brindado todo su amor, su cobijo y su vida. Aunque a pesar del triste sentimiento, Nico con su espiritualidad latente, ampara y protege a su hermana, la dulce Pupy, bajo la firme creencia del vuelo universal que provoca la partida de este plano terrenal.
La muerte es una mierda y si bien todos vamos a llegar a ella en algún momento del destino, me resisto a aceptarla, no puedo asimilarla naturalmente como muchos quizás, que tienen la fortaleza para hacerlo. La muerte forma parte de la vida, sí, pero es desgarradora, lastimosa, hiriente y no nos la merecemos sufrir, más allá de ser consciente de que es indefectible.
Carola era una mujer plena, sensible, tierna, afectuosa, aguerrida, susceptible, perceptiva, inteligente, emotiva… y siempre se ha caracterizado por su temple, por su empuje y por su valentía ante distintas circunstancias que la vida le ha presentado. Era también buena, bondadosa y humanitaria. Y además de todas estas cualidades que menciono, era muy linda, tan bella por fuera como por dentro. Fue esa misma belleza que enamoró a Leonardo cuando la conoció circunstancialmente a finales de la década del ’60 y que durante más de cuatro décadas, lo acompañó en las buenas, en las muy buenas, en las malas y en las muy malas.
Hace unos días atrás, apenas cinco, compartimos escenario con Nico, su hijo, y cantamos a dúo por primera vez juntos; lo hicimos con una canción que Leonardo le había escrito a ella, una de las tantas de la que fue musa inspiradora, “Oh, mi Carolina”, y ahora alcanzo a entender el por qué de la elección de mi querido Nico. Simbólicamente, intuyendo quizás que se acercaba la despedida, sin decírmelo, eligió ese tema  y hoy, con todo el dolor de mi alma y lágrimas en mis ojos al momento de escribir estas líneas, se lo agradezco profundamente, porque en esa decisión, nuestras voces fueron las últimas que repitieron su nombre y mantuvieron su figura latente sobre un escenario.
La llevaré siempre conmigo, en mi recuerdo, en mis más tiernas remembranzas y en el cobijo de mi corazón.

domingo, 14 de junio de 2015

MERELLOXCARRERAS

La calidez es una de las características de la personalidad de Victoria Carreras, actriz, guionista, directora, y valiente emprendedora mujer de la cultura, que con su primer film documental “MERELLOXCARRERAS”, demuestra que además de cálida es sumamente sensible y talentosa.
Ayer tuve el gran placer de asistir a la exhibición del espectáculo fílmico-teatral-familiar que presenta en el ‘Café de los Angelitos’, tras su espontánea y afectuosa invitación personal que me honró y halagó, donde regala emoción, ternura y amor.
El documental basado en su estrecha relación con Tita Merello, una de las artistas más representativas y personales de nuestra cultura argentina, es animado en persona por ella misma, haciendo una introducción ‘in situ’, dando lugar al clima intimista que posteriormente la película refleja en forma directa.
Como alguna vez mencioné aquí en otros comentarios, no soy crítico ni nada que se le parezca, solo comparto mi impresión y sentimiento de distintas experiencias vividas, que en este caso puntual, se traducen en alegría y satisfacción como espectador por haber presenciado un momento maravilloso que me nutrió de encanto y emoción.
La creación de Victoria muestra la intimidad del fuerte lazo que ella y su familia mantuvieron con Tita, a través de la relación que sus padres, Enrique y Mercedes Carreras conservaron a través del tiempo desde lo profesional hasta lo personal. A partir de grabaciones propias recuperadas del sistema VHS, perfectamente digitalizadas, Vicky comparte una mirada distinta, honda e incondicional que evidencia el firme vínculo que los unía.
El inteligente guión de la propia Vicky y Alejandra Marino entrelaza las imágenes con los sentimientos, anteponiendo como hilo conductor, el embarazo de la directora en cuestión, muy jovencita, en primer término, el nacimiento de su hija Carolina, en segundo lugar y la recepción del relato por parte de su heredera, en la actualidad. La narración, por momentos en la voz de Victoria, durante otros fragmentos en la descripción de su madre Mercedes, en más ocasiones tras los testimonios de algunos amigos de Tita, Ben Molar, Jacinto Pérez Heredia y los músicos que la acompañaron en su último espectáculo, donde coincidentemente Victoria debutó teatralmente, van tejiendo este homenaje que surge desde y hacia el corazón.
Varios son los momentos donde uno se emociona, y muchas las imágenes que llegan francas y puras al alma; de todas ellas, rescato la expresión de la cara de Enrique Carreras besando muy amorosamente la pancita de Victoria embarazada con la carga cariñosa de ese pasaje y también con la tristeza de saber posteriormente, que su enfermedad lo llevaría físicamente del plano terrenal a los 15 días de esa grabación ‘casera’.
El marco que rodea la proyección del documental es ideal para ese clima al que me refería al comienzo del relato, que entrecruza cine, teatro y familia, porque previamente a la función, se puede disfrutar de un té o café y degustar una rica merienda con tortas, sándwiches y medialunas en uno de los salones del simbólico ‘Café de los Angelitos’, lugar emblemático de Buenos Aires, para luego pasar a otra sala donde Victoria recibe al público personalmente, luciendo su belleza exterior vestida con ropa original de Tita y evidenciando su belleza interior en el trato y las palabras que comparte con la gente. 
Victoria Carreras abre la puerta de su casa, comparte momentos imborrables de su vida, muestra una faceta interior desconocida de un ícono de nuestra Argentina, y desgrana ternuras y afectos entrañables que ponen en evidencia una regla casi incontrastable que debemos tener siempre presente: el amor es el nexo más importante que tenemos los seres humanos para relacionarnos y haciendo honor a esa regla, podemos disfrutar mejor del regalo de la vida.
Gracias, Vicky, por tu arte y por tu amor.       

domingo, 17 de mayo de 2015

TODO ES AMOR

Siempre existe una razón para festejar; Si se quiere, constantemente, uno puede encontrar un motivo para conmemorar algún suceso trascendente. Hoy, simplemente, mi razón de celebración es estar aquí, escribiendo estas líneas, disfrutando la placidez y tranquilidad de una mañana calma de domingo, de saborear el gusto del café y percibir su aroma, de poder elegir alguna canción como compañía cómplice y de sentir como pocas veces en muchos años que lo verdaderamente importante de la vida son los afectos, es el amor, el cariño, la querencia que uno recibe y a su vez, la predilección sentida que uno puede brindar a las personas amadas.
Me gusta demostrar cariño por la gente que quiero y es muy emocionante recibirlo también, porque más allá de todo lo que nos rodea, de la vorágine cotidiana, de la rueda impetuosa en la que estamos inmersos a diario, de las obligaciones, de la economía, de los sinsabores, más allá de las miserias humanas que existen, lamentablemente, de las divisiones políticas, los distintos puntos de vista, y todas las injusticias que percibimos en el mundo entero, por sobre todo, ante todo, está el amor. No hay fuerza más potente que el amor.
Quizás suene algo cursi, un poco idílico o bucólico, pero es lo que siento. Hace dos días sufrí un accidente que me pudo haber costado la vida, un hecho casi intrascendente como cerrar una puerta, que se volvió casi una desgracia al traspasar un vidrio con mi brazo. No voy a entrar en detalles del incidente en sí y todo lo que aconteció posteriormente al fortuito episodio, pero quiero compartir en este espacio donde almaceno pensamientos, anécdotas, sensaciones y acontecimientos propios, la dicha que me da el poder seguir orgánico, vital y fervoroso en esta vida. Nunca había estado tan cerca de un momento tan límite y extremo, donde mi vida pendía de factores ajenos a mí.
Indudablemente, las situaciones desbordantes, que superan el control al alcance de uno, hacen que después de sucedidas las circunstancias, uno reflexione, medite, recapacite sobre lo verdaderamente importante de la vida, y sin lugar a ninguna duda, la conclusión que reafirmo y consolido interiormente es, justamente, el amor. El amor es todo.
En pocos segundos puede cambiar el destino, puede modificarse drásticamente la vida y enfrentarse a una cruda realidad de ya no ser en forma directa e impetuosa, y esto hace que las cosas tomen el verdadero sentido y la real dimensión de lo concretamente valioso.
Somos un instante… nada más y nada menos que eso… ese instante puede cambiar la vida de una o de más personas, y mientras el traumático trance ocurre y uno atraviesa la dificultosa coyuntura, la mente repasa el pasado, vislumbra el presente e imagina el no futuro en un santiamén; en un segundo, la mente relee la vida tan velozmente como de manera íntegra. Y después de lo sucedido, luego de salvar la vida, literalmente, todo se encausa de manera natural para darle el auténtico sentido a las cosas.
Por eso digo que, después de pasar por una circunstancia tan cercana al final de la vida, el amor toma su exacta dimensión y completo significado: Todo.  EL AMOR ES TODO.
Aunque sea reiterativo y redundante, el motivo más importante que atesoramos es el amor. El amor en estado puro, totalmente franco, abierto y llano a los sentimientos más genuinos de nuestro corazón. Uno establece afectos en la medida que se va acercando a los mismos, a través del trato diario, de las relaciones fluidas, del trabajo, de la actividad social y los sucesos periódicos y corrientes que el tiempo nos va suministrando, pero llegado el instante límite, como puede ser un accidente súbito inesperado, donde la vida corre peligro, el amor puro e inmaculado de un hermano, por ejemplo, aflora de manera natural sin mediar ningún otro elemento más que el mismo amor.
Un suceso accidental raudo, repentino como el que viví, puede modificar sin dudas el destino y la existencia, y también, la reacción propia y ajena, en esa eventualidad, es ciertamente imprevista e inesperada. Mi hermano Luciano fue quien me llevó vertiginosamente para que me atendieran y en medio de un caos de tránsito bastante anárquico por la zona céntrica de Buenos Aires, hizo de todo para llegar lo antes posible, a pesar de la enorme congestión vehicular; después de media hora de vivir situaciones dignas de una ficción de acción y pavor, logramos arribar al Hospital Italiano, donde me atendieron con solvencia, contención y la capacidad profesional que caracteriza a su staff médico. Nada de lo que relate, puede reflejar el horrible momento que superamos.
Agradezco con afecto, intensidad y total reconocimiento al equipo de traumatología del Hospital Italiano, que además de su excelente trabajo quirúrgico, me brindaron tranquilidad y comprensión en un momento complejo y delicado como es siempre un hecho de urgencia.
Y doy gracias al destino que quiso dejarme en este plano terrenal un tiempo más, hubiese sido triste, doloroso e injusto no poder cumplir ciertos sueños que aún me quedan por consumar, no verlos crecer a Luca y Flor, mis hijos, ayudarlos a encaminarse, ser partícipe y testigo de sus realizaciones mutuas, en fin… sería muy extenso mencionar todas las cosas lindas que comparto a diario con todos los que quiero y me quieren, que hubiera dejado de disfrutar si el desenlace hubiese sido fatídico. Hoy, más que nunca, revalorizo los afectos y agradezco todo el amor que me rodea, que me ha escoltado siempre y que por un tiempo más, por suerte, me seguirá acompañando.
En mi hermano, Lucky de mi alma, que estuvo conmigo en esta dura experiencia y fue mi sostén y protector, encierro todo el amor al que hago referencia con un pequeño recorrido fotográfico de nuestra vida en común, desde su nacimiento hasta nuestros días, como muestra, si se quiere, del amor genuino, puro y natural. En él, abarco a todos los que de una u otra manera me entregan su amor y lo reciben de mí en esta hermosa experiencia que es vivir.