Una y otra vez pienso, me
pregunto, me respondo, me replanteo, medito si vale la pena, me digo que no, me
convenzo que sí, vuelvo atrás y me repregunto para qué, sigo hacia adelante y
decido que es válido escribirlo, que en definitiva, es lo que pienso y no tengo
por qué censurarme si me surge desde la espontaneidad y también desde el
corazón. Quizás los que estén leyendo estas líneas tendrán la intriga de saber
qué es lo que me aqueja y por qué este pequeño prólogo sobre la decisión de
referirme a lo que me hace dudar si hacerlo o no, y en honor a la verdad, a lo
mejor es una estupidez para muchos, una simple tontería, una pérdida de tiempo,
pero para mí es también, además de todo eso, por qué no?, una disyuntiva y una
confesión profesional, con todo lo que eso puede significar para alguien que
como yo, se dedica y vive del medio artístico.
¿A qué viene tanta parafernalia
interrogativa preliminar? Pregunto y contesto: A que lo que quiero decir va en
contra, supuestamente, de lo que se suele plantear como ser “políticamente
correcto” dentro del medio y confrontar un sistema que está viciado de lo que
no me gusta, con periodistas, colegas y no tanto, que se encuentran inmersos en
una rueda de ingratitud, desconfianza, mala educación, bajezas, faltas de
respeto y desvergüenza que avanza cada vez con más fuerza, de manera
indiscriminada, sin límites a la vista y con un alto grado de mediocridad. Me
refiero específicamente a lo que veo como espectador y sufro como profesional
en el ámbito artístico del cual formo parte desde hace 27 años.
Es compleja la cosa y quizás muy
largo de explicar en detalle, desde dónde creo viene el deterioro con el cual
se trata lo que se suele llamar “ambiente artístico”, pero una forma rápida y
sencilla de “ir al grano” es referirme a la palabra que se ha perdido en todo
lo que rodea al mundillo del espectáculo: RESPETO. Se ha perdido el respeto
primordialmente, y en consecuencia eso conlleva a maltratarse, insultarse, vapulearse,
desaprobarse, basurearse y unos cuantos desagradables “arses” más que podría
agregar a la lista.
No voy a cometer la torpeza de
hacer referencia a la “Tinellización” de la televisión, de la radio, de los
medios gráficos y de todo lo que rodea nuestro medio artístico local, porque si
bien mi punto de vista lo hace responsable a Marcelo Tinelli de una gran parte
del pozo mediocre en el cual se encuentra un importante segmento del ámbito de
los medios que se dedican al entretenimiento del espectáculo (y a muchos de los
otros, también), tampoco puedo limitarlo a ese solo protagonista, aunque él
tenga la enorme responsabilidad, como gran conductor carismático que es, hábil
empresario, intuitivo conocedor del gusto televisivo de un gran porcentaje de
millones de argentinos y referente indiscutido de la TV argentina en los últimos 22
años, de intentar, por lo menos, hacer mejores productos, en vez de
centralizarse en la chabacanería, la pelea y las miserias humanas. Tiene todas
las posibilidades para llevarlo a cabo, económicas, empresariales, determinantes,
comerciales y de poder, pero vaya a saber por qué razón no lo hace y continúa
redoblando la apuesta hacia lo vulgar, agregando en lo que va de este año 2012,
productos como “Soñando por cantar” que intenta “llegar al corazón”, emocionar,
profundizar la sensibilidad del público, amparado en un supuesto buen fin, que
es mostrar el talento vocal de la enorme cantidad de excelentes cantantes que
existen en nuestro país. Me parece inteligente de su parte, como productor
televisivo, saber cuándo hay que modificar el timón de su barco y cómo hacerlo,
me resulta muy hábil y perspicaz su innegable olfato para saber llegar
masivamente a la gente, manipulando la necesidad de muchos que no encuentran
manera de expresarse artísticamente y demostrar a los demás y demostrarse a sí
mismos que tienen condiciones artísticas dignas de admirar. Lo que no me gusta
del accionar que tiene Tinelli como generador de productos, es el
aprovechamiento de esas virtudes artísticas de los participantes en pos de un
show a pura sensiblería, donde el arte es lo que menos importa en escencia.
Respeto las opiniones de todos
los que gustan de estos formatos y entiendo también que puedan emocionarse con
las interpretaciones e historias de vida de los competidores, pero no acepto
ciertas “puestas en escena”, donde la lágrima es principalmente importante y la
emoción espontánea, se transforma forzadamente en el centro de atracción
obligado.
Dentro de este gran karaoke
televisado, tampoco me gusta ver a algunos compañeros cantantes que se prestan
al juego y con la excusa de apoyar a los participantes, también le hacen el
“caldo gordo” a la producción que los convoca con el discurso de un sentido
homenaje por su trayectoria. Son cómplices de formar parte de un programa que
los utiliza en beneficio propio, dibujando esas invitaciones estelares en
gratitud por los servicios prestados durante tantos años de carrera artística.
Me apena y me da bronca a la vez, porque si bien cada uno elige y es libre de
aceptar los trabajos que les plazcan, me resulta triste verlos inmersos en un
contexto donde sus figuras se diluyen aún más, por el solo hecho de aparecer en
pantalla durante cinco o diez minutos.
Capítulos aparte son los del jurado
integrado por personas que estimo y respeto, aunque no comparta su decisión de sentarse
en una silla tras un escritorio a intercambiar opiniones con otros jurados que
de música poco y nada entienden, para determinar quién es mejor que quién y la hipócrita
conducción del animador del show, que además de transitar todos los lugares
comunes habidos y por haber, abusa de la confianza depositada en él, para
creerse y hacer creer que es un digno heredero de su jefe que desde sus ideas
del sur, forma discípulos de su estilo ya probado, con la salvedad de que ninguno
de los que eligió para animar sus producciones paralelas a Show Match, cuentan
con su indudable carisma y natural llegada popular.
Sin ánimo de ofender a nadie,
creo que la gran mayoría de los comunicadores se encuentran involucrados en
esta inmensa bolsa de gatos que nos alcanza a todos como sociedad, nos guste o
no, y que cada vez más es casi imposible de salir.
Los artistas estamos en la gran
disyuntiva de saber cómo manejar nuestras carreras, porque indudablemente todos
los que nos dedicamos a la música, a actuar, bailar, producir, escribir, dirigir,
etc, necesitamos de la difusión de nuestras obras de teatro, discos,
espectáculos, trabajos en general para que el público se entere y por ende,
decida a cuáles asistir, si esa es su elección, pero el problema surge cuando
nos damos cuenta que casi todos los ciclos que ocupan las programaciones,
están encargadas en presentar personas y personajes que en vez de hablar de sus
creaciones, telenovelas, canciones, películas o producciones, se basan en sus
relaciones íntimas, posiciones favoritas de alcoba, infidelidades a unos y a
otras, records amatorios, discusiones dignas de conventillos casi ya
inexistentes, agresiones verbales que superan lo imaginable, insultos que rozan
lo innecesario y bajezas de todo tipo y color. Dentro de este marco, los productores,
conductores, gerentes de programaciones avalan el soez contenido y basan sus
ciclos en indignos shows mediáticos, que lo único que hacen es generar bajas
peleas de bajas calañas con bajos instintos de baja fama y triste
trascendencia. Lo que más me duele a veces, reitero, es ver artistas de
renombre, con años de respetable trabajo, inmersos en ese circo televisado,
demostrando sus debilidades con el justificativo de llevar el “mango” a la
casa.
En fin… no creo que ninguno de
los involucrados en mi comentario se haga mucho problema por lo que yo pienso,
sobre todo el gran Marcelo que después de viajar en temporada alta a Nueva York,
regresa a nuestro país para comenzar su temporada baja de televisión.
Comparto en gran parte pero es un fenómeno global que implica la necesidad del "momento de gloria" que tiene la gente, tal vez tenga que ver con nuestra forma de vida actual, la monotonía y la falta de oportunidades. Es ver que alguien en algún lado "cumple su sueño" por unos minutos y eso transmite esperanza de que algo pueda cambiar.
ResponderEliminarEn lo personal no suelo ver este tipo de programas pero los entiendo desde el punto de vista planteado.
Por otro lado todo el medio es muy injusto con la difusión de artistas pero siempre es mas barato explotar a los desconocidos de siempre y sus "historias de vida" que invertir en calidad , en fin, si el medio del que hablas es la televisión hay una regla no escrita que dice que los programas exitosos son esos que pueden ser vistos por la abuela con el nieto de cuatro años... Tal vez sea así y tal vez lo importante no pase por los ratings sino por las opciones mas personalizadas que por ejemplo nos ofrece el cable o la internet. Lugar hacia donde muchos estamos migrando y donde consumimos "shows" realizados a nuestra medida.
Saludos.
Charlie
Totalmente de acuerdo, Charlie. Yo tampoco veo este tipo de programas (y de verdad, no los veo; muchas veces me hablan de lo que sucedió la noche anterior y lo desconozco por completo y puede parecer una postura, pero sinceramente, no me interesan). A lo que apunto con el comentario, es a la explotación de la ilusión de la gente por lograr trascender, aunque sea por unos minutos en tele y que esa esperanza genuina, sea utilizada en beneficio propio por estos tipos que en lo último que piensan, es en el arte de quienes participan. También coincido con tus otras reflexiones y lamentablemente, no queda otra que aceptar las circunstancias ofrecidas en la TV de aire y recorrer el amplio dial del cable, pero es triste ver cómo van creando un esquema basado en la mediocridad, el mal gusto y la falta de respeto a cualquier hora, sin darse cuenta que tienen cierta responsabilidad social que nadie pareciera controlar o por lo menos, mediar. Coincidimos en todo y quizás muchos otros, también lo hagan... ojalá que en algún momento se pueda revertir esta pobre realidad artística. Gracias por tu criterioso comentario. Un saludo afectuoso.
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