MOTIVO

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sábado, 2 de mayo de 2026

DÍA DEL TRABAJADOR

Ayer fue "El Día del Trabajador" y no fue un día más. No alcanzó con repetir frases hechas ni con desear “feliz día” como si la realidad no doliera. El trabajo dignifica, sí. Pero también es cierto que cuando falta, cuando se pierde, cuando se precariza, lo que se hiere no es sólo el bolsillo: es la esperanza, la estabilidad, el proyecto de vida. Estamos viviendo tiempos difíciles en la Argentina. Cada vez hay más gente que se queda afuera del sistema, más familias que hacen cuentas imposibles, más incertidumbre que certezas. Y frente a eso, no se puede mirar para otro lado ni disfrazar de épica lo que en la vida cotidiana es angustia. Hay decisiones que duelen. Duelen en el trabajador que pierde su empleo, en el jubilado que no llega a fin de mes, en el médico que no tiene recursos, en el docente que sostiene como puede, en el estudiante que ve su futuro más lejos, en el enfermo que necesita respuestas y no las encuentra. No es pesimismo: es realidad, y reconocerla también es una forma de respeto. Pero incluso en este contexto, hay algo que no se pierde: la dignidad de la gente que sigue levantándose cada día, que busca, que pelea, que no se resigna. Esa fuerza silenciosa es la que sostiene al país desde siempre. Hoy, más que nunca, el verdadero homenaje no es una frase bonita, sino el compromiso de no naturalizar el dolor del otro. De tener sensibilidad. De no perder la humanidad. Porque el trabajo no es solo una estadística ni un número en un discurso: es la vida misma. Cumplí en desear un feliz día a quienes trabajan, a quienes buscan trabajo, y a quienes no bajan los brazos, pero con un sentimiento distinto al de otros años. Ojalá, los que vengan, sean distintos, mejores, y podamos desear sin medias tintas: ¡Feliz Día, laburantes!

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