
Una de las cosas que más resalto y celebro de
internet, es la comunicación tan directa y fluida que hoy posibilitan las redes
sociales entre los artistas y las personas que han acompañado las trayectorias
a través de los años. Tengo la suerte de recibir asiduamente muchos mensajes,
anécdotas, historias y saludos de muchas partes de Latinoamérica, que me hacen
revivir situaciones, actuaciones, momentos y circunstancias que, muchas veces,
quedan relegadas o arrinconadas en la memoria. Antes, solo se intercambiaban
cartas y uno las iba respondiendo en la medida de las posibilidades. En una
etapa de gran exposición y trascendencia de mi vida artística, en la oficina de
representación que comandaba mis shows y contrataciones, se había contratado
una secretaria especialmente dedicada a responder toda la mensajería que
llegaba de distintas partes del mundo, de las integrantes de los numerosos
clubes de fans que me distinguían con todo su cariño y amor. Yo leía las
respuestas y las firmaba una por una como reconocimiento a ese afecto que me hacían
llegar. Hoy, continúo recibiendo ese mismo afecto de una manera más inmediata y
espontánea y, de a poco, voy contestando y agradeciendo las diferentes muestras
de amistad, aprecio y querencia. Además de las palabras, muchas veces, recibo
fotos que no estaban en mi conocimiento, elementos que tampoco tenía presentes
y ediciones de discos que me hacen revalorizar lo vivido. Desde Ecuador, me
envían esta edición de mi disco “Clásico”, fabricado por Ifesa, impreso en
Cromos y distribuido por Emporio Musical desde la ciudad de Guayaquil. Sigo
retribuyendo el contacto con el público y agradeciendo francamente que algunas
de mis canciones permanezcan latentes en el cariño de la gente y que los medios
radiales de muchos países, las sigan manteniendo vigentes con sus oyentes.

