MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

miércoles, 23 de octubre de 2013

TODOS QUEREMOS LO MISMO


Si todos queremos lo mismo, si los distintos partidos políticos plantean temas similares entre sí para mejorar y solucionar, si los candidatos, con diferentes palabras, proponen en mayor o menor medida, parecidas propuestas para el bien común, si todos los ciudadanos argentinos coincidimos en vivir mejor, con mayor educación, más seguridad, mejor salud, más igualdad… (bueno, creo que en este tema puntual, existe un sector económico que no está muy de acuerdo, pero, en fin…), pregunto, me pregunto, nos pregunto, les pregunto: ¿ Por qué nos peleamos tanto ?
Sinceramente, no encuentro una respuesta coherente, racional que dilucide concretamente la confrontación permanente y extrema que nos desborda desde hace algún tiempo a esta parte.
Si bien, soy consciente que es muy difícil coincidir entre todos y ponernos de acuerdo completamente, porque justamente la diversidad de pensamientos es lo que nos moviliza y en cierta medida, produce avances a lo largo de la historia, no hallo una explicación lógica al cruce continuo de ideas desde la irreverencia, el descreimiento, la irritabilidad, la intolerancia, la agresión, la insolencia y falta de respeto reiterada; me cuesta aceptar que la sociedad, nuestra sociedad, nosotros mismos, no sepamos, ni podamos sobrellevar distintas ideas, en un marco de consideración y tolerancia, que seguramente ayudaría mucho más a la democracia que todos, o casi todos, queremos, pretendemos, anhelamos.
Reconozco que muchas veces, yo mismo me apasiono y exalto en conversaciones referidas a la política, trasponiendo el debate o intercambio de opiniones hacia una contienda verbal, que roza una disputa pugilística más que a la reciprocidad ideológica, y no debería ser así o no tendría que serlo. Indudablemente, estamos divididos y ninguna fragmentación es positiva, mucho menos cuando uno u otro sector, o los dos, si así se quiere, emplean mecanismos difamatorios, agresivos, provocadores y descalificatorios.
Todos queremos que se mejoren las condiciones de vida, todos deseamos que se garantice un funcionamiento excelso de escuelas y universidades, todos ambicionamos hospitales y sanatorios más y mejor equipados, todos ansiamos un país seguro, sin delincuencia, sin robos, ni muertes, sin violaciones ni secuestros, todos aspiramos a que haya más centros culturales, más espacios de áreas de estudio, más desarrollo industrial, mejor esquema judicial, más inversión tecnológica y científica, mejores estaciones policiales, más patrullas, mejor capacitación y educación para los jóvenes en estado de vulnerabilidad, mejoramiento del transporte público, todos pretendemos la creación de nuevas instituciones, mayores y mejores planes sociales, mejoras edilicias en salud, educación y seguridad, construcción de viviendas en zonas marginales, agilización del sistema judicial, fortalecimiento de la lucha contra la corrupción, elaboración de programas para sectores vulnerables, etc, etc, etc.
Todos deseamos lo mismo. Todos preferimos lo mismo. Todos queremos lo mismo. Entonces, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo?... ¿Será la codicia exagerada, que no nos deja avanzar? ¿Será el excesivo afán que no nos permite concordar? ¿Será la ambición desmedida, que no nos posibilita actuar con moderación? ¿Será la enorme desmesura que nos ciega y no nos permite ver las cosas claras y transparentes? ¿Qué será? ¿Qué cosas serán las que no nos dejan aproximar a lo que todos deseamos?
A través de los medios se ha instalado una guerra que nos tiene de rehenes; de un lado, aquellos que apoyan al Gobierno y del otro, los que lo defenestran. En una orilla, los K, en la otra, los anti K, en un costado los positivos, en el otro, los derrotistas, en un borde, los que compartimos muchas de las cosas que se han llevado adelante en estos 10 últimos años, reconociendo muchas otras que hay que corregir y revertir, en el otro, los que herméticamente destierran todo lo realizado. Los extremos ultra polarizados nunca son buenos, ni a favor, ni en contra y desde hace un largo tiempo a esta parte, evidencio una acrecentada distancia divisoria entre los que apoyan y los que desaprueban.
 
Observo, también, una gran agresividad y aunque cada uno niegue o no lo reconozca, pareciera ser esa provocadora y violenta forma, la única herramienta que disponen para combatir las acciones y maneras con las cuales no están de acuerdo.
No quiero mencionar personajes mediáticos, actualmente muy en boga, que todos conocemos, justamente, para no entrar en polémicas y controversias, pero si pudiéramos alejarnos por un instante del apasionamiento y la ceguedad que a veces produce el fanatismo, nos daríamos cuenta que el mensaje permanente que difunden es sumamente agraviante, ofensivo e iracundo. Lamentablemente, cuando se crean antinomias como las que vivimos en nuestra actualidad política, se torna muy difícil que cada parte acepte a la otra, a consciencia y con tranquilidad, por eso es casi utópico pensar que uno puede modificar el pensamiento del otro con fundamentos y razones.
No comparto la ultra defensa y rechazo la ultra oposición, sobre todo cuando la gente mal educada agravia, desacredita, ofende y los medios periodísticos discrepantes al Gobierno y sus integrantes, generan noticias, climas y estados constantes de desasosiego, inquietud y pesadumbre, por no decir desestabilizadores, llevando agua para su molino y encubriendo una conveniencia comercial, económica y de poder, que en definitiva, terminará aprovechando y utilizando solo a su favor.
En cada votación, en cada elección popular tenemos la oportunidad de expresar nuestro sentimiento político, podemos revalorizar todo lo que se ha realizado hasta aquí o manifestar la disconformidad al modelo y tengamos en cuenta que es un sufragio para elegir legisladores, que deben cumplir con su rol y trabajo de asistir al Congreso cada vez que se los requiere, porque para eso los votamos y no para concurrir cuando les viene en gana o según los proyectos y leyes que presenta tal o cual partido.
Votemos conscientemente, con el sentido común, utilizando la lógica, la sensatez, no “en contra de”, sino a favor nuestro y sepamos que en nosotros está también, como ciudadanos, lograr un país mejor para TODOS, no solo para ALGUNOS.

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