
A veces siento que el mundo cambió tanto y tan rápido que, desde hace un tiempo a esta parte, me cuesta encontrar mi lugar en él. Desde la pandemia, pareciera que muchas cosas se trastocaron. Los valores, los códigos, el respeto, la educación y hasta la manera de relacionarnos parecen haber entrado en una profunda transformación. Las redes sociales, con su enorme influencia, también han contribuido a modificar nuestra forma de comunicarnos, de pensar y de valorar las cosas. No pretendo hacerme el intelectual, ni mucho menos alguien que se cree dueño de la verdad; simplemente soy una persona que observa, siente y se pregunta qué nos está ocurriendo internamente a todos. Me duele ver cómo, en tantos aspectos de la vida, pareciera que hemos empezado a confundir lo superficial con lo importante, la exposición con el reconocimiento y la popularidad con el verdadero talento. Como cantante, como artista, tampoco puedo dejar de sentirlo en la música. Me cuesta asimilar que tanta riqueza melódica, literaria y creativa haya ido perdiendo espacio frente a propuestas cada vez más uniformes y, lamentablemente, más infortunadas. No se trata de rechazar lo nuevo, ni negar el derecho de cada generación a expresarse, sino de preguntarnos qué lugar les estamos dando a la creatividad, a la cultura y a la sensibilidad. Quizás el problema no sea solamente que el mundo cambió, sino que muchas veces siento que estamos dejando de lado cosas que nos hacían mejores como personas. Y entonces me pregunto: ¿cómo adfaptarse a una época en la que uno no termina de reconocerse? No quiero parecer un bicho raro, ni vivir aferrado al pasado; tampoco quiero convertirme en alguien que reniega de todo lo nuevo. Pero hay algo dentro de mí que se resiste a aceptar que todo da lo mismo, que los valores son descartables y que la mediocridad debe convertirse en una norma. A veces, esta sensación me modifica el ánimo, las ganas y hasta la manera de mirar el futuro; sin embargo, no quiero perder la esperanza. Quiero seguir creyendo en la educación, en el respeto, en la sensibilidad, en la cultura, en la palabra y en la autenticidad. Quiero seguir encontrando personas con las que todavía podamos compartir esos valores, sin importar la edad, ni la época. Tal vez no se trate de adaptarse a todo lo que sucede, sino de aprender a vivir en este tiempo sin dejar de ser quienes somos. Porque cambiar con el mundo no debería significar renunciar a uno mismo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario