MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

domingo, 13 de abril de 2014

INMENSO ALFREDO ALCÓN

Ayer falleció Alfredo Alcón y la escena nacional pierde a uno de sus actores más grandiosos, más extraordinarios, más colosales que haya tenido en su historia. Un hombre que, además de ser formidable en su profesión, fue gigantesco a nivel personal. Humilde, cálido, honesto, pudoroso, respetuoso, reservado, amoroso, sensible, bondadoso y un montón de sinónimos más que podría seguir mencionando para definirlo.
Seguramente, habrá muchas notas que describirán su magnitud artística, otras que reseñarán su enorme trayectoria en teatro, tantas otras más que desarrollarán sus trabajos en cine y TV y algunos más, exhibirán sus afectos, amores y pasiones. Yo, voy a personalizar esta evocación que presento aquí, porque tuve el gran placer de conocerlo, de estar con él en varias ocasiones, de saber sobre su vida a través de personas que lo han tratado cotidianamente y otras que lo han hecho circunstancialmente, pero por períodos prolongados.
Lo conocí en la filmación de “Nazareno Cruz y el lobo”, dirigida por Leonardo Favio, donde Alfredo interpretaba el personaje de ‘Mandinga’, el Diablo, quien le explica a ‘Nazareno’ (Juan José Camero) la maldición que lo perseguirá si llegara a enamorarse de ‘Griselda’ (Marina Magali), convirtiéndose en lobizón. Para aquellos que no sepan mi relación con Favio, les detallo mi vínculo casi familiar con él desde muy niño, a través de su férrea amistad con mi padre; de allí que además de haberlo representado artísticamente en una etapa de su esplendor como cantante, fueron también socios en la producción de esta película. En esa época de filmación, yo tenía 12 años y me entusiasmaba inmensamente, asistir al rodaje de la película, mucho más, después de haber vivido esa experiencia, un par de años antes con “Juan Moreira”.
Recuerdo como hoy, la tarde que vi por primera vez a Alfredo Alcón, vestido como ‘Mandinga’ con un saco color violeta, pañuelo al cuello, un gran collar colgando sobre su pecho y unas negras botas altas que atrapaban la parte inferior del pantalón ‘abuchado’. El marco que nos rodeaba era realmente impactante, ya que estábamos en el set que Favio había hecho diseñar como hábitat del diablo en el film, ‘La Salamanca’, una enorme cueva donde convergían brujas, hechiceros,  doncellas, condenados, poseídos, sapos, lechuzas y culebras.
Su imagen personal era tan fuerte como lo era su personaje en la película, hecho que contrastaba con su cordial forma de ser y su extrema humildad. Tengo muy presentes esas escenas ‘in situ’, las tomas y contra tomas, los detalles, los diálogos entre él y Leonardo, su puntillosa concentración antes de cada secuencia, en fin… su imagen, su caracterización, me quedaron grabadas para siempre. Hubo más días de filmación, más cafés compartidos, más charlas y más momentos inolvidables para mí, que a esa edad, sin saberlo, tenía el privilegio de presenciar íntimamente el largometraje más taquillero de la historia de la industria cinematográfica argentina con 3.7000.000 espectadores.
Una de sus más queridas amigas y compañera de rubro en una gran cantidad de trabajos fue Violeta Antier, madre de mi amigo querido Roberto Antier, y a través suyo he conocido también anécdotas, historias y acontecimientos compartidos junto a él que siempre resaltaban su bonhomía, generosidad y Don de gente. He sido testigo del gran cariño que Alfredo le tenía a Roberto, que perdió a su hermosa y talentosa mamá a muy temprana edad y por medio de esa fraternal relación que Alcón mantenía con Violeta, Roberto fue su ahijado artístico desde el momento que decidió seguir los pasos actorales de su madre. Orgulloso de su inspirador, ‘Robertito’ (así lo llamaba Alfredo), hizo honor al legado de su progenitora y por supuesto, del mayúsculo apadrinamiento que tuvo, con una importante y creciente carrera como actor, que con el tiempo se amplió a la producción y dirección de teatro y televisión.
Más crecido y ya profesional en el ámbito musical, mi amalgama entrañable con Favio, hacía que durante mucho tiempo fuéramos a cenar asiduamente por la zona del centro de Buenos Aires y en varias de esas noches singulares e imborrables, nos hemos cruzado con Alfredo, quien también sentía un especial afecto por Leonardo (era recíproco), y siempre se mostraba de la misma manera: afable, caluroso, templado, humilde… siempre…
Cualquiera que lo haya conocido, indudablemente coincidirá en describirlo con las mismas buenas propiedades que destaco; de hecho, todos los testimonios que se han escuchado en el transcurso del día de ayer, tienen los mismos denominadores comúnes: su sensibilidad, su ternura y su grandeza.
Joaquín Furriel encerró palabras que definen claramente lo que Alcón significó:
 -“Cuando a un religioso se le muere su líder religioso o a un militante se le muere su líder político, creo que hoy a los actores se nos muere nuestro gran faro. Alfredo ha dignificado nuestra profesión como ningún otro y ha puesto al servicio de nuestra sociedad y nuestra cultura algo maravilloso que es que alguien diga… no sé, cada vez que yo decía ‘Estoy haciendo una obra con Alfredo Alcón’, todo el mundo, de cualquier nivel sociocultural, todos decían ‘¡Guau!, qué grande Alfredo Alcón!’; quizás no lo habían visto en teatro ni en televisión o en cine, pero creo que solo una persona tan enorme, con una energía tan grande, con una convicción y un criterio de vida tan coherente, logra que para mí y para todos nosotros, Alfredo sea nuestro faro y lo va a seguir siendo por siempre”-.
Alfredo Alcón, además de un actor magnífico, majestuoso y admirable era un ser humano formidable, con una gran bondad, una fuerte timidez, mucho humor, un gigantesco corazón y una inmensa generosidad, que dejará un enorme vacío en todos nosotros como espectadores, y en sus compañeros actores como pares, ya que permitiéndome un parámetro entre el arte y el fútbol, deporte que tanto me gusta y apasiona, su figura se entrelaza tenazmente con la de Diego Maradona, a mi entender, el mejor de todos los tiempos. Alcón fue, es y será siempre Maradona.
Gracias por todo lo que brindaste, Alfredo querido. Gracias por tu pasión. Gracias por tu compromiso. Gracias por tu corazón. Y gracias por tu esencia noble y pura.

RESEÑA
El reconocido actor Alfredo Alcón murió a los 84 años como consecuencia de una complicación respiratoria derivada de diversos problemas de salud que había sufrido en los últimos meses.
Alcón falleció durante la madrugada de ayer, 11 de abril, cuando se encontraba en su domicilio particular, según lo confirmó su amigo Jorge Viti.
El prestigioso actor, cuyo verdadero nombre era Alfredo Félix Alcón Riesco, había estado internado en el Sanatorio de La Trinidad, adonde había llegado en diciembre del año pasado por una infección intestinal que acabó complicándose por problemas respiratorios.
Desde ‘El amor nunca muere’ de 1955, ha protagonizado más de cuarenta largometrajes y era considerado el actor teatral de repertorio más importante de su generación en Argentina.
Alcón interpretó como actor de teatro a personajes de William Shakespeare, Federico García Lorca, Arthur Miller, Tennessee Williams, Henrik Ibsen, Eugene O’Neill y Samuel Beckett. Ocasionalmente ha incursionado también en la dirección teatral.
Con el reconocido director Leopoldo Torre Nilsson hizo algunos de sus papeles cinematográficos más memorables, tal como el protagónico de ‘El santo de la espada’ (1970), basada en la novela de Ricardo Rojas sobre la vida del Libertador José de San Martín. También con Torre Nilsson filmó los notables ‘Martín Fierro’ (1968), sobre el poema gauchesco de José Hernández, ‘La maffia’ (1972), ‘Los siete locos’ (1973) —Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín— y ‘Boquitas pintadas’ (1974) —Concha de Plata y Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián—, basadas las dos últimas en las novelas homónimas de Roberto Arlt y Manuel Puig, respectivamente.
Alcón también fue uno de los protagonistas de la la película más taquillera de toda la historia del cine argentino, Nazareno Cruz y el lobo (1975), de Leonardo Favio, con un récord de 3,7 millones de espectadores. Es destacable además por haber protagonizado la aclamada ‘Los inocentes’ (1964), de Juan Antonio Bardem. Este trabajo le permitió incursionar en el cine español, siendo uno de sus más recordados papeles el que interpretó en ‘En la ciudad sin límites’ (2002), película de Antonio Hernández ganadora de dos Premios Goya. Incursionó asimismo, y con éxito de crítica y público, en el teatro español así como también en la televisión de España.
El ahora fallecido actor obtuvo, entre muchos otros galardones, el Premio al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Cartagena por ‘Los siete locos’, y el Premio Cóndor de Plata al mejor actor por sus sendos protagónicos en ‘Los inocentes’ y ‘Martín Fierro’, asimismo en 2005 la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina le otorgó el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria.

PREMIOS
·         Premio Martín Fierro, 1960, 1963, 1964, 1966, 1968
·         Premio Cóndor de Plata, 1964, 1969
·         Premio al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, 1974 
·         Premio Molière, Air France, 1980
·         Premios Konex:
·         Diploma al Mérito - Actor dramático cine y teatro - 1981
·         Premio Konex de Platino - Actor dramático de cine y teatro - 1981
·         Premio Konex de Brillante - Artista del espectáculo argentino - 1981
·         Gran Premio de Honor, 1986
·         Premio Quinquela Martín, 1987 y 1988
·         Premio María Guerrero, 1989 y 1991
·         Premio García Lorca, España, 1990
·         Premio Konex - Diploma al Mérito - Actor dramático de cine y teatro - 1991
·         Premio ACE de Oro, 1992
·         Premio Figura Latinoamericana en el Festival de Teatro de Colombia, 1992
·         Premio Ollantay, CELCIT, 1994
·         Premio Martín Fierro, 2000
·         Premio Clarín Espectáculos, 2000
·         Premio ACE, 2003
·         Premio Estrella de Mar de Oro, 2005
·         Premio ACE, 2007
·         Finalista del Premio Max, España, 2009
·         Premio ACE, 2010
·         Premio Estrella de Mar de Oro, 2011
·         Premio ACE, 2011
·         Premio ACE, 2013

CINE
1955- "El amor nunca muere", Dir. Luis César Amadori
1956- "La morocha", Dir. Ralph Papier
1956- "La pícara soñadora", Dir. Ernesto Arancibia
1957- "Una viuda difícil", Dir. Fernando Ayala
1959- "El candidato", Dir. Fernando Ayala
1959- "Zafra", Dir. Lucas Demare
1960- "Un guapo del 900", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1961- "Piel de verano", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1962- "Prisioneros de una noche", Dir. David Kohon
1963- "Las ratas", Dir. Luis Saslavsky
1963- "Los inocentes", Dir. Juan Antonio Bardem
1963- "Una excursión a los indios ranqueles", Dir. D.M. Beccaglia
1964- "Voy a hablar de la esperanza", Dir. Carlos Borcosque
1965- "Con gusto a rabia", Dir. Fernando Ayala
1965- "El reñidero", Dir. René Mujica
1965- "Jandro", Dir. Julio Coll
1968- "Martín Fierro", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1970- "El santo de la espada", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1971- "Guemes (La tierra en armas)", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1972- "La maffia", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1973- "Los siete locos", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1974- "Boquitas pintadas", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1975- "El pibe cabeza", Dir. Leopoldo Torre Nilsson
1975- "Nazareno Cruz y el lobo", Dir. Leonardo Favio
1977- "Qué es el otoño", Dir. David Kohon
1977- "Saverio el cruel", Dir. Ricardo Wulicher
1978- "Cartas de amor de una monja", Dir. Jorge Grau
1978- "Un idilio de estación", Dir. Aníbal Uset
1982- "El agujero en la pared", Dir. David Kohon
1982- "Pubis angelical", Dir. Raúl de la Torre
1985- "El caso Matías", Dir. Aníbal Di Salvo
1986- "El oficio de amar", Dir. Tristán Bauer
 1986- "La historia en la arena", Dir. Hugo Lescano
1987- "El dueño del sol", Dir. Rodolfo Mórtola
1989- "País cerrado, teatro abierto", Dir. Arturo Balassa
1989- "Últimas imágenes del naufragio", Dir. Eliseo Subiela
1993- "De eso no se habla", Dir. María Luisa Bemberg
1994- "Cortázar", Dir. Tristán Bauer
1994- "El amante de las películas mudas", Dir. Pablo Torre
1995- "Con el alma", Dir. Eduardo Vallejo
1998- "Cohen vs. Rosi", Dir. Daniel Barone
2001- "El hijo de la novia", Dir. Juan José Campanella
2002- "En la ciudad sin límites", Dir. Antonio Hernández
2004- "Historia del cine", Documental
2005- "El exilio de San Martín", Documental

TEATRO en Argentina
·         "¡Shakespeare, todavía!", textos de W.Shakespeare. 
 Dir. Alfredo Alcón
·         "De pies y manos", de Roberto Cossa. 
 Dir. Omar Grasso
·         "Eduardo II", de Marlowe. Dir. Lluis Pasqual
·         "El farsante más grande del mundo", de J. M. Synge. 
 Dir. Osvaldo Bonet
·         "Final de partida", de Samuel Beckett. 
 Dir. Alfredo Alcón
·         "Hamlet", de W. Shakespeare. Dir. Omar Grasso
·         "Herramientas", Poesías de Diversos Autores. 
 Dir. Alfredo Alcón
·         "Historias del Zoo", de Edward Albee. 
 Dir. Omar Grasso
·         "La muerte de un viajante", de Arthur Miller. 
 Dir. Omar Grasso
·         "Las brujas de Salem", de Arthur Miller. 
 Dir. Omar Grasso
·         "Liliom", de Ferenc Molnar. Dir. Osvaldo Bonet
·         "Lorenzaccio", de Alfred de Musset. Dir. Omar Grasso
·         "Los caminos de Federico", de Federico García Lorca. Dir. Lluis Pascual
·         "Orfeo desciende", de Tennessee Willams. 
 Dir. Osvaldo Bonet
·         "Panorama desde el puente", de Arthur Miller. 
 Dir. Carlos Gandolfo
·         "Peer Gynt", de Henrik Ibsen. Dir. Omar Grasso
·         "Recordando con ira", de John Osborne. 
 Dir. Omar Grasso
·         "Romance de lobos", de Valle Inclán. 
 Dir. Agustín Alezzo
·         "Yerma", de Federico García Lorca. 
 Dir. Margarita Xirgu
·         1966- "Israfel", de Abelardo Castillo. Dir. Inda Ledesma
·         1994/95- "Escenas de la vida conyugal", de I.Bergman. 
Dir. Rita Russek
·         1997- "Bocca - Alcón"
·         1997- "Bocca en el Luna Park"
·         1997- "En la soledad de los campos de algodón", 
de Bernard Koltes. Dir. Alfredo Alcón
·         1997- "Largo viaje del día hacia la noche", 
de Eugene O´Neill. Dir. Miguel Cavia
·         1997- "Los caminos de Federico", Biblioteca Nacional
·         1997- "Los caminos de Federico", Gira
·         1997- "Ricardo III" de W. Shakespeare. 
Dir. Agustín Alezzo. Teatro Municipal Gral. San Martín
·         1998- "Los caminos de Federico", (Bolivia y Tucumán)
·         1998- "Los caminos de Federico", 
Teatro Municipal Gral. San Martín
·         2000- "La tempestad", Dir. Federico Herrero. 
Teatro Municipal Gral. San Martín.
·         2002- "Edipo", Teatro Municipal Gral. San Martín
·         2003- "Las variaciones Goldberg", de George Tabori. 
Dir. Roberto Villanueva. 
Teatro Municipal Gral. San Martín
·         2004/05- "El gran regreso", de Serge Kribus. 
Dir. Alfredo Alcón
·         2005- "Enrique IV", Dir. Rubén Szuchmacher. 
Teatro Municipal Gral. San Martín
·         2006- "Homenaje Ibsen", Dir. Alejandro Tantanian
·         2007- "Muerte de un viajante", de Arthur Miller, 
Dir. Rubén Szuchmacher
·         2009- "Rey Lear", de W. Shakespeare. 
Dir. Rubén Szuchmacher
·         2010- "Los Reyes de la Risa", de Neil Simon. 
Dir. Daniel Veronese
·         2011- "Filosofía de vida", de Juan Villorio. 
Dir. Javier Daulte
·         2013- "Final de Partida", de Samuel Beckett. 
Dir. Alfredo Alcón

TEATRO en España
·    " A Electra le sienta bien el luto", de Eugene O´Neill. 
    Dir. J. L. Alonso de Santos. Teatro Nacional M. Guerrero
·    "Don Álvaro o la fuerza del sino", de Duque de Rivas.
    Dir. Francisco Nieva. Teatro Nacional Español
·    "Eduardo II", de Marlowe. Dir. Lluís Pasqual.
    Teatro Nacional María Guerrero
·    "El público", de Federico García Lorca.
    Dir. Federico Herrero. Teatro Nacional María Guerrero
·    "El zapato de raso", de Paul Claudel.
    Dir. J. L. Alonso de Santos. Teatro Nacional Español
·    "Kean", de Jean Paul Sartre. Dir. Joaquín Vida.
    Teatro de Bellas Artes
·    "La ciudad cuyo príncipe es un niño",
    de Henry de Montherlant. Dir. J.L. Alonso de Santos.
·    "Los caminos de Federico", de Federico García Lorca.
    Dir. Lluís Pasqual. Teatro Nacional María Guerrero
·     "Edipo XXI", textos de Eurípides, Sófocles, Esquilo, 
    Jean Genet. Dir. Lluís Pasqual. Teatro Albéniz

TELEVISIÓN
1961- “Judith”
1962- “Romeo y Julieta”
1963- “Yerma”
1964- “Hamlet”
1967- "Teleteatro de Alfredo Alcón”
1971- “El escándalo” (Novela – TVE) (España)
1972- “Otelo” (Estudio 1 - TVE) (España)
1974- “Pájaro ángel”
1983- “El jardín de Venus” (Serie – TVE) (España)
1984- “La única noche”
1987- "El prontuario del señor K” (Especiales de ATC) (Canal 7)
1998- “Operación rescate”
1999- “Por el nombre de Dios”
2000- “Vulnerables”
2003- “Durmiendo con mi jefe”
2004- “Locas de amor”
2011- “Herederos de una venganza”



 TRABAJOS EN TEATRO


TRABAJOS EN CINE
 

 


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ETAPAS DE SU VIDA
 
 
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martes, 1 de abril de 2014

RIQUELME ES BOCA

Trato de no polemizar política y futbolísticamente, porque creo que las ideas y los ideales no se modifican discutiendo con el otro. Cada uno piensa como quiere y lo que quiere y está muy bien que así sea. Pero sinceramente, escuchar al Presidente de Boca hablando sobre Riquelme, me indigna como hincha entusiasta, ferviente y apasionado que soy. Angelici, además de su escasa capacidad para ocupar el cargo que detenta y dejar mucho que desear como primer representante institucional del equipo de mis amores, es ladino, tramposo e irrespetuoso con el mejor 10 que Boca tuvo en su historia, inclusive por sobre el enorme Diego Armando Maradona (a quien valoro e idolatro dentro de la cancha y en mi opinión ha sido el mejor de todos los tiempos).
El señor Daniel Angelici nunca lo quiso a Riquelme, ni antes cuando era tesorero del club, ni ahora como Presidente del mismo, y eso, más allá de su parecer y gusto personal, no es suficiente motivo para que cada vez que Román es centro de atención periodística, él aproveche la ocasión para convertir sus palabras en dardos envenenados para quien es uno de los más grandes jugadores que hayamos tenido, tenemos y tendremos en Argentina.
No descubro nada diciendo que Juan Román Riquelme es un extraordinario jugador de fútbol, tampoco me van a dar un premio por mencionar que su personalidad no le cae bien a muchos y mucho menos voy a sorprender si afirmo que es el último gran futbolista que queda en nuestro desvalorizado fútbol local, que puede generar amores y odios extremos, justamente, por ser tan escaso y templado en sus declaraciones y tan vistoso y prodigioso en su juego.
En estos últimos días, después del último Boca-River, donde Román nos regaló una vez más, otro hermoso cuadro de su sensacional obra pictórica futbolera con un tiro libre magnífico, inmejorable,  por sobre el resultado final del 1 a 2 en contra, he escuchado y leído en los medios y las redes sociales muchísimos comentarios tan mediocres como injustos, tan mezclados como difusos  y tan intensos como absolutistas.
Mediocre es decir que Riquelme, a sus 34 años, tiene que irse a su casa a descansar, injusto es no recordar la cantidad de alegrías y títulos que nos brindó durante 18 años, y a pesar de ser conscientes que su físico no responde como en años anteriores y que sus lesiones son una carga hostil para todos nosotros como hinchas, pero seguramente mucho más para él como jugador, debemos contemplar con objetividad y sin mezquindades ni bajezas como el señor Angelici (-“ No descarto que Riquelme no quiera seguir”-) y muchos otros que tras la comodidad de estar tras un teclado y una computadora, escriben livianamente, bajezas del estilo -“Los jugadores son empleados, trabajadores, cuando rinden, sirven, cuando no, se tienen que ir. Boca tendría que tener jubilaciones para los jugadores que hicieron historia, así se pueden ir en paz”-. Gente que piensa así sobre fútbol, debe pensar bastante parecido a nivel social y eso me produce, como mínimo, resistencia, rechazo.
No voy a tratar este tema exclusivamente ‘boquense’ como algo de Estado, pero sí dejar establecido mi visión y mi sentir como sencillo hincha de Boca que respeta lo realizado, que valora los logros y honra a las personas que mantienen su esencia como Juan Román Riquelme, que además de ser un jugador admirable, inhabitual y sobresaliente, pondera como ningún otro el sentimiento ‘bostero’ a la par de su rol profesional, cosa que muy pocos han priorizado tanto a lo largo de casi 20 años en el mismo club.
Mi hermano Luciano, tan fanático y sentimental por los colores auriazules como yo, expresa algo que muchos, probablemente, deben pensar y coincidir: -“Agradezcamos que todavía podemos seguir disfrutando de su fútbol. ¿Sabés el tiempo que va a pasar para que volvamos a ver otro que trate la pelotita como Juan Román…? ¡Riquelme sigue siendo el mejor de Boca por escándalo! Hay que disfrutarlo, porque verlo jugar es una caricia a la retina. Román, junto con Palermo, fue el tipo que más alegrías nos dio a todos los ‘bosteros’. Son los dos más grandes de la historia del club. ¿Sabés a cuántos giles escuché decir que Martín era un burro? Esos mismos giles, nunca más en su vida van a ver un 9 como Palermo y ahora son los mismos que critican a Juan Román. No sean ingratos”.
Para finalizar, por mí, Román puede jugar en Boca hasta que él quiera, en inferioridad de condiciones físicas, sin correr, parado, en una pierna o sentado en una silla en la mitad de la cancha, porque él, más allá de contratos, conveniencias y economías, es el único que sustancia su categoría extraordinaria de jugador con su pasión franca, noble y verdadera por la camiseta de Boca.

jueves, 27 de marzo de 2014

DISCÉPOLO: UN ARTISTA BRILLANTE Y VIGENTE

Un día como hoy, 27 de marzo, pero de 1901, nacía Enrique Santos Discépolo, un hombre que a mi criterio, se encuentra entre los artistas más lúcidos, brillantes y sobresalientes de nuestro arte popular. Fue un admirable letrista y compositor, autor de tangos profundos, crudos y tan realistas como bellos, dramaturgo, actor, creador inigualable que además de escribir varias obras de teatro, dirigir y ser guionista de diversos films, pensó desde su ideología peronista, un personaje radial con el sobrenombre de “Mordisquito”, combatiendo a los que consideraba ‘oligarcas’ y ‘cipayos’, hecho que le produjo bastantes disgustos en la fase final de su vida.
Su corta vida de 50 años, le bastó para dejar en la eternidad creaciones sobresalientes como "Cambalache", "Yira, yira", "Uno", "Malevaje", "Chorra", "Fangal", "Desencanto", "El choclo", "Esta noche me emborracho", "Cafetín de Buenos Aires" y "Canción desesperada", entre otras.
En este artículo del Diario El País de Montevideo, Uruguay, mi recuerdo y evocación para un artista irrepetible, que se destacó en una época determinante de nuestro país y quedará para siempre en la memoria de nuestra historia como un ‘adelantado’ a su tiempo por el admirable y descollante ingenio que lo caracterizó en toda su obra artística.  

    ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO
Enrique Santos Discépolo Deluchi, conocido como ‘Discepolín’, nació en el barrio porteño de Balvanera y murió en la misma ciudad de un síncope al corazón, 50 años después. Tras el fallecimiento de sus padres, su hermano Armando, 14 años mayor, se convirtió en su maestro y le descubrió la vocación por el teatro. El autor de la famosa letra de tango "Cambalache", decide en 1918 -tenía apenas 17 años-representar su primera obra teatral. Había debutado un año antes como actor más que secundario, en una obra ya olvidada –‘El chueco Pintos’- en el papel de portero de un conventillo. Actuaba al lado del entonces famoso actor cómico Roberto Casaux, recién separado de la compañía de Florencio Parravicini, forjadores del teatro nacional argentino y rioplatense. La obra de E. Santos, como firmaba por la época, se llamaba ‘Los duendes’ y tenía un argumento pueril. Una familia compra una casa que imagina habitada por duendes. Para solucionar el problema, los nuevos dueños contratan a dos detectives que no averiguan nada y que se dedican a comer todo el tiempo a costa de los ingenuos dueños. Una mezcla de trama policial con humor tonto. Las críticas fueron justas y por lo tanto desfavorables, aunque la obra se estrenó en el Nacional y contó entre su elenco con una joven y prometedora actriz: Olinda Bozán. Ante el fracaso, Enrique cambia la pisada. En su segundo intento se reserva el modesto y precavido rol de "adaptador" en la obra ‘El señor cura’, basada en un cuento de Guy de Maupassant. La trama de la obra debió causar algún revuelo en la época. Un cura descubre que antes de ordenarse sacerdote tuvo un hijo natural. El hijo es un individuo malévolo, y el cura debe convertirlo para salvar su alma de la que es responsable como padre biológico y como sacerdote. Durante un monólogo el cura desliza: "¿Por qué, Señor, esta maldición a mi edad? ¿Este es el pago a mis 25 años de santidad y de calma…? Si eres quien me abandona, ¿dónde he de encontrar la protección que necesito?" El hombre que se cree justo -lo sea o no- increpa a Dios por haberlo abandonado. Ha nacido la clásica frase interrogativa discepoliana. Y con ella, un apellido convertido en adjetivo, lo discepoliano -procedimiento reservado a Kafka, Fellini o Borges- que define la situación de desamparo del hombre ante un destino que no logra comprender y que lo abruma con su perversa mezcla de abuso, negligencia, banalidad.

    RAÍCES
Antonio Discépolo y Carmen Silano -los abuelos campesinos y analfabetos de Enrique Santos Discépolo- tuvieron un hijo músico y aventurero. Se llamaba Santo y había nacido en 1850. Egresado del Conservatorio Real de Nápoles, en donde estudió instrumentos de viento, piano y contrabajo, Santo decidió emigrar hacia Argentina con 21 años para "hacer la América". Lo esperaba un país gobernado por Sarmiento con dos millones de habitantes que en 1871 recibió a 14 mil europeos, 10 mil de ellos italianos. La torrencial presencia inmigrante y su mestizaje con los criollos desclasados, que también emigraban hacia Buenos Aires, produjo un movimiento cultural sin precedentes en la región, cuyo epicentro fue el más sórdido suburbio. El nieto de aquellos campesinos analfabetos sintetizaría las características de este producto cultural, en la letra que escribió en 1947 para el tango "El choclo" de Ángel Villoldo: "mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia/ llorando en la inocencia de un ritmo juguetón". Ese suburbio mestizo, paupérrimo, hacinaba a criollos y gringos en los más de tres mil conventillos que tenía Buenos Aires antes de 1890, con una población que ascendía a unas 200 mil personas. La música salvó a Santo del destino atroz del conventillo: fue reclutado como miembro de la Banda de Policía y Bomberos de la ciudad. Un dato nada menor señala que de los 30 mil italianos que residían en la Argentina, 300 eran músicos. Santo se integra a la sociedad que, mal que bien, lo acoge: se casa en 1875 con Luisa de Luque -también inmigrante- y forma parte de la orquesta del Teatro San Martín, inaugurado en 1887. Más tarde fundará una de las primeras academias de enseñanza musical y hasta escribirá un tango -"Payaso"- en honor de su amigo Frank Brown, payaso y actor de circo. En 1886 muere Amalia, su primera hija, al año siguiente nace Armando -autor de sainetes y creador del grotesco criollo-, en 1891 nace Rodolfo, en 1899 Otilia Margarita y el 27 de marzo de 1901, Enrique. 
La muerte de Santo en 1906 deja a Enrique al cuidado de Armando y de la mano de éste -su madre muere en 1910- recorrerá el barrio, la noche y los teatros: Parque Patricios, el café ‘Los Inmortales’, el deslumbramiento con la actuación. Lee al anarquista Rafael Barrett, se relaciona con el pintor, grabador y agitador cultural Guillermo Facio Hebecquer, integra la Asociación de Artistas del Pueblo fundada por aquel, se hace cargo de la desgracia de los más humildes, toma nota y partido. Ingresa al Instituto Normal -Enrique quería ser maestro- y participa de la huelga de alumnos de 1915. Su desempeño como estudiante tuvo perfiles discepolianos. Como no se requería documento de identidad para rendir exámenes, Enrique sustituía fraudulentamente a sus compañeros. Cuando le llegó el turno de rendir, fue reprobado.

    EPIFANÍA TANGUERA
Abandonado todo intento educativo formal, Enrique seguía preocupado por el teatro. En 1920 la compañía de Blanca Podestá le estrena ‘Día feriado’, que es una historia de desengaños: un joven -Gastón- se entera de que su novia se escapó a Chile con otro hombre. Gastón en el monólogo final anuncia toda la posterior poética discepoliana: "Es una mujer como tantas que a fuerza de recibir de los hombres un desengaño tras otro, termina por no creer a ninguno". Hasta aquí una descripción que justifica al que burla porque es burlado al que, hipócritamente, se le exige lealtad, conducta, honor. La condena suele ser muy dura para los más débiles y el asunto no sólo queda relegado a las cuestiones amorosas como bien lo sabía Enrique, lector de Rafael Barrett. Pero Gastón agrega: "En cuanto a mí, obsesionado por ese deseo inocente que a veces acomete, pensando regenerar su vida, llegué a quererla. Ella no llegó nunca a comprender esto, o quizá descubrió que en mi cariño había una gran dosis de compasión." En 1929 escribirá la letra y la música del tango "Soy un arlequín" que es la síntesis de esta decepción profunda acerca del perdón -tanto del que perdona como del perdonado- convertida en lema de vida. El tratamiento, que a veces es misógino y a veces sarcástico, denuncia la permanente sorpresa del hombre bueno ante la ingratitud de sus semejantes: "Soy un arlequín/ un arlequín que salta y baila/ para ocultar/ su corazón lleno de pena./ Me clavó en la cruz/ tu folletín de Magdalena/ porque soñé que era Jesús/ y te salvaba." El mensaje evangélico de la conversión a partir del amor se arruina, la emulación de Jesús ya no es suficiente, y la pecadora arrepentida no desea la santidad sino la supervivencia confortable. La crucifixión convertida en folletín. El poema termina con un verso atroz: “Cuánto dolor que hace reír". Discépolo no sólo atisba la impiedad humana -y el correspondiente silencio de Dios- sino que profetiza el uso del dolor como espectáculo. Sólo faltaban los medios masivos de comunicación, y ellos llegaron a la cita.

    LOS CINCO PRIMEROS
No obstante el primer tango que compuso Enrique no auguraba nada trascendental. Fue escrito durante la estadía de Discépolo en San José y Montevideo en algún momento del último tercio de 1923. Se llamó "Bizcochito" y si bien figura como autor José Saldías -dramaturgo y director de renombre- el tango es de Discépolo. Se estrenó en mayo de 1924 en una obra de Saldías -La Porota- y en la letra hay algún momento de denuncia social, porque Bizcochito -que era el apodo de una apetecible chica- es una joven del suburbio y en ella se reivindica expresamente la belleza vilipendiada del arrabal. Y poca cosa más. Los cuatro tangos que le siguen ya son pequeñas obras de teatro de tres minutos de duración. Esta proeza proviene de la tarea de Enrique como dramaturgo pero sobre todo de la memoria vital y de ciertos principios que detalló en 1929: "Escribo tangos porque me atrae su ritmo. Lo siento con la intensidad de muy pocas otras cosas. Su síntesis es un desafío que me provoca y que yo acepto complacido, aun a riesgo de los malos ratos que paso gestándolos. ¡Decir tantas cosas en tan corto espacio! ¡Qué difícil y qué lindo! Me subyuga esa lucha. Dicen que sacrifico la línea melódica en homenaje a la letra, y están en un error. Yo rompo intencionalmente la imagen musical trazada. Me lo exige la necesidad. Quiero que la música diga lo que luego aclararán más las palabras."
Su segundo tango, "Qué vachaché", va por este camino. Fue creado durante una gira uruguaya de la Compañía Rioplatense de Sainetes y estrenado en Montevideo por Mecha Delgado en 1926. Según las crónicas de la época, todo ocurrió ante la indiferencia del público que no entendió esa historia de una mujer que le exigía a su compañero el abandono de ciertos ideales de cambio social, de solidaridad con los desgraciados: "no te das cuenta que sos un engrupido/ te creés que al mundo lo vas a arreglar vos/ si aquí ni Dios rescata lo perdido/ ¿qué querés vos?, ¡hacé el favor!" Escepticismo fatalista y sabiduría popular: "el verdadero amor se ahogó en la sopa/ la panza es reina y el dinero es Dios" son versos que prefiguran el tango "Cambalache". Cuando en 1927 Carlos Gardel grabó en Barcelona este tango, el éxito borró el gusto amargo del estreno.
El siguiente tango de Discépolo llevaba un primer título sugestivo - "Cuando te apaguen la vela"- pero se hizo famoso como "Yira-yira". Lo estrenó Sofía Bozán en 1927 en una obra de título extraño: Qué hacemos con el estadio, y fue un éxito. Discépolo habla de tres años de gestación de una letra que le recuerda una época de desastre económico, dando vueltas y vueltas sin demasiado sentido. El tono sentencioso de la letra admite este origen. "Yira-yira" es incluido en los primeros video clips filmados por Eduardo Morera entre octubre y noviembre de 1930. En el cortometraje Discépolo dialoga con Gardel y le explica el por qué del tono amargo de su tango: "Es un hombre que ha vivido la bella esperanza de la fraternidad durante cuarenta años, y, de pronto, un día a los cuarenta años, se desayuna con que los hombres son unas fieras". El chiste que Discépolo descerraja luego de un comentario ingenuo de Gardel, es una oportunidad para que el otro Discépolo -el actor, el brillante charlista, el humorista- apareciera. Pero el comentario expresa y ratifica la poética discepoliana: "verás que todo es mentira/ verás que nada es amor/ que al mundo nada le importa/ yira, yira". La metáfora inicial del poema, ("cuando la suerte que es grela") es un logro poético inusual en donde en extraña dosis homeopática, se mezclan el habla culta y el lunfardo. Una grela es una mujer, en lunfardo -la acepción de grela como suciedad es de la década de los `60- y remite al tópico literario de la mujer como ser veleidoso, mudable. El desengaño amoroso que estableció Contursi se ha profundizado en la falta de toda ayuda por parte del prójimo, consecuencia lógica del vacío existencial de la primera posguerra y del fin de los "años locos": "cuando estén secas las pilas/ de todos los timbres/ que vos apretás/ buscando un pecho fraterno donde morir abrazao". Tono y ambiente coloquial para redondear la desdicha humana: "cuando no tengas ni fe/ ni yerba de ayer/ secándose al sol", en donde el escepticismo se mezcla con las costumbres más comunes. La casa y sus rutinas están vacías de Dios y de fraternidad. Y el desempleo como plus de modernidad del capitalismo tardío: "cuando rajés los tamangos/ buscando ese mango/ que te haga morfar".
Los dos últimos tangos que compone en esta primera hornada son: "Chorra", estrenado por el actor cómico Marcos Caplán en abril de 1928 en una obra de los hermanos De Bassi -empresarios versátiles relacionados con el tango y con Armando Discépolo- llamada Las horas alegres, y "Esta noche me emborracho" estrenada en mayo del mismo año por la famosa cantante Azucena Maizani, en la comedia musical, ‘Bertoldo, Bertoldino y el otro’, pese a que la voz que relata la historia es indudablemente masculina. Resulta lógico el ambiente teatral del estreno, de hecho los tangos son dos historias teatrales de tres minutos. En "Chorra" hay momentos sublimes del mejor humor discepoliano. La mujer que engaña al pobre feriante haciéndole el cuento del tío con su prosapia familiar -tiene una madre "noble viuda de un guerrero"- es retratada en su falsía con unos versos que se utilizan hoy en día como síntesis del desengaño: "hoy me entero que tu mama/ noble viuda de un guerrero/ es la chorra de más fama que pisó la 33/ y he sabido que el guerrero que murió lleno de honor/ ni murió ni fue guerrero/ como me engrupiste vos." El verbo clave es engrupir, del lunfardo grupo que define a un estafador y que a su vez tiene origen español, en donde la palabra grupo tipifica al que roba utilizando un gancho. El que engrupe engancha con un engaño. De allí el juego que establece Discépolo entre la ganchera y el mostrador -los únicos bienes de feriante- que el timado protagonista ha perdido. 
"Esta noche me emborracho" es de un tono de decadencia digno de Goya, de hecho es una pintura rítmica desde el primer verso: "Sola, fané, descangayada". Enrique ha perfeccionado el uso del lunfardo, lo que lo acerca al pueblo más llano, a la vez que le aporta una sonoridad subyugante ligada a su heredada e incompleta formación musical. Fané proviene del francés, se faner (perder la belleza) y en lunfardo adquiere un matiz cosificante y sombrío: desgastado, estropeado. Descangayada -gastada, arruinada- deriva del portugués escangalhado (quebrantado, arruinado) en una redundancia trágica que obligará al hombre a volver la cara y echarse a llorar ante la destrucción de la belleza y de su propio pasado. Una alegoría cruel y perfecta del deterioro humano provocado por una sociedad que todo lo vende y que todo lo compra. La sociedad mestiza del suburbio de las grandes ciudades del Plata, entiende el mensaje de Enrique, se siente identificada con el poeta, lo admira y él, los refleja. Esa gente desclasada comprende la penuria de lo que se malogra. Tiene en Enrique a su poeta como tendrá en Perón a su líder. Y ambos estarán juntos en poco tiempo.

    VIDA, MUERTE, SÍMBOLO
En 1927, el solitario Enrique, el eterno hermano de Armando, el hombre de mundo, el de las letras escépticas pero popularísimas, el dramaturgo y actor, el de las interminables tertulias anarquistas, no sabe que está a punto de encontrarse con el amor de su vida. En el Follies - un cabaré ubicado en Cerrito y Diagonal Norte- canta una muchacha española de 26 años, de nombre exótico: Tania Mexican. Tania era toledana y estaba casada con el músico de varieté Antonio Fernández Rodríguez, con el que tenía dos hijas, una fallecida y otra al cuidado de la abuela materna. Antonio Fernández, su hermano Paco, y Tania como cupletista y principal atracción, formaron un trío con nombre ardoroso: Les Mexican. Actuaron en Barcelona, Marruecos, Montevideo y Río de Janeiro. En Buenos Aires y mientras el matrimonio naufragaba, Tania captó la atención de Roberto Firpo y Osvaldo Fresedo, que la acompañaron en sus recreaciones entre zafadas y divertidas de los tangos "Niño bien", "Lechuza" y en especial "Esta noche me emborracho", el gran éxito de Enrique. Anita Luciano Divis -Tania era un anagrama- supo que Discépolo había ido a escucharla aquella noche de 1927 en el Follies, y también supo cuando el oriental José Razzano los presentó, que aquel muchacho entre tímido y desamparado, había quedado seducido por las maneras automáticas del flirteo inherentes a la interpretación del cuplé. En 1928 vivían juntos, pese a las prevenciones que Tania despertaba entre las amistades de Enrique que la catalogaban de ambiciosa, frívola, interesada. El distanciamiento con Armando nace por esos años, y cobra forma definitiva en 1947 tras un largo proceso en donde la amistad de Tania con Eva Perón y el feroz peronismo de Enrique, separaron a los dos hermanos y compinches, en una especie de alegoría familiar de la historia argentina.
En el libro de Sergio Pujol, ‘Discépolo’, la relación entre Enrique y Tania es definida de manera casi taxativa: "En cierto modo, esa mujer era la antítesis de Enrique. Cuando Razzano los presentó, ella dominó la situación. A primera vista descubrió la atracción que provocaba en aquel autor de tangos vacilante y debilucho. Pronto sabría que la debilidad no era tal; que Enrique, si bien desprotegido en muchos aspectos, tenía sus formas de dominio". La relación amorosa y artística entre ambos fue fecunda. Tania estrenó el tango "Uno", acaso el arte poética discepoliana con su lema lúcido e ingenuo: "querer sin presentir", símbolo de la entrega gratuita que supone todo amor verdadero. Y es desde ese ángulo de inocencia burguesa hastiada por la falsía amorosa, que Discépolo pasó a enjuiciar el atropello político de la "década infame", entre la caída de Hipólito Yrigoyen y el ascenso del coronel Perón. Letras como "Cambalache" de 1934, con su agria resignación fatalista, encuentran en Perón el atajo, la posibilidad. Sólo en ese marco de fe ciega en la justicia por fin triunfante, pudo Discépolo aceptar intervenir en la audición radial "Pienso y digo lo que pienso" en apoyo a la reelección de Perón. En esas audiciones, entre mayo y noviembre de 1951, Discépolo quemó las naves. Leyó a puro sarcasmo los libretos escritos por Abel Santa Cruz en los que se respondía a las críticas de un personaje que nunca sugestivamente tuvo voz pero sí apodo: Mordisquito. Ese mudo y anónimo antiperonista se volvió contra el mito porteño que ya era Enrique y lo aisló. Discépolo acusó el golpe desde el asombro: no entendía del todo esa ferocidad contra él, que seguía siendo el mismo Discepolín de siempre.
Entre los preparativos de la Noche Buena de 1951, un Discépolo consumido todavía hacía chistes. Estaba tan flaco -pesaba menos de 40 quilos- que aconsejó a su médico que las inyecciones se las aplicaran en el sobretodo. Murió el 23 de diciembre a las 23:15, sentado en un sillón, observando a la gente desde la ventana de su departamento. Los primeros dolientes que llegaron a su velatorio fueron las coperas que alternaban en el Tibidabo y en el Marabú. Estuvieron poco tiempo y se fueron llorando por Lavalle a trabajar, como todas las noches. "La gente se te arrima con su montón de penas/ y tú las acaricias casi con un temblor/ te duele como propia la cicatriz ajena/ aquél no tuvo suerte y esta no tuvo amor" había escrito su amigo, el poeta Homero Manzi.

    "CAMBALACHE"

     "UNO"

    "EL HINCHA"

     "MORDISQUITO"

sábado, 15 de marzo de 2014

DIBUJANDO ALMAS

Reproduzco este artículo que encontré en el blog “elclipinfinito”, firmado por Ana Alonso, que habla sobre la falta de costumbre que tenemos al llegar a la adolescencia de continuar dibujando asiduamente como lo hacemos en las etapas de nuestra niñez y primera juventud.
Me interesa el tema porque creo que todas las formas de expresión artística, ayudan a conformar mejores personas, más libres, destacadas, abiertas y preferentemente más comunicativas. Además, el dibujo, posibilita ver un poco más nuestro interior, nuestra alma, nuestro espíritu y eso no es un detalle menor en esta época cada vez más cerrada e individualista. Los invito a leerlo y espero que les guste…

¿POR QUÉ DEJAMOS DE DIBUJAR?
Todos los seres humanos tenemos la capacidad innata de dibujar. El dibujo infantil es una parte fundamental de nuestro desarrollo hacia la comprensión del mundo que nos rodea y todos los niños dibujan, como medio de expresión y como juego. Sin embargo al llegar a la adolescencia algo hace que muchos de nosotros renunciemos a esta capacidad de representación gráfica.
No podemos hablar de un motivo único pero sí podemos apuntar algunos factores que sin duda tienen influencia. En primer lugar, la escuela no se ha esforzado en potenciar la capacidad de representación gráfica. Como explica Howard Gardner cuando se refiere a la teoría de las inteligencias múltiples, la educación tradicional se ha centrado en el desarrollo las inteligencias lingüístico-verbal y lógico-matemática relegando a un segundo plano todas las demás, entre ellas la inteligencia espacial dentro de la cual se incluye la capacidad de percepción y representación visual.
Por otro lado, el dibujo se ha asociado históricamente al arte y a la estética ignorando todas sus demás aplicaciones que no tienen una pretensión estrictamente artística. Esto condiciona nuestra manera de mirar nuestros propios dibujos y los que nos rodean, calificándolos de “buenos o malos” en base a cánones estéticos académicos como la proporción, el naturalismo, la composición o el equilibrio cromático. Así, a excepción de aquellos cuya manera de dibujar encaja con este canon o quienes poseen una vocación impermeable a toda crítica, la mayoría acabamos concluyendo que “no sabemos dibujar” o “no se nos da bien” y abandonamos la práctica.
¿POR QUÉ DEBE PREOCUPARNOS?
También para esta pregunta hay múltiples respuestas. La primera, en la línea de lo apuntado más arriba, es que el dibujo no es exclusivamente una forma de arte. Ante todo es una herramienta comunicativa, un medio para resolver problemas, visualizar nuestras ideas, analizarlas, criticarlas, mejorarlas, crear ideas nuevas y compartirlas con otros, no un fin. Cuando observamos algo con el propósito de dibujarlo, nuestra mirada es mucho más profunda; comprendemos el funcionamiento de las cosas y proyectamos nuestro pensamiento sobre el papel. El dibujo crea la necesidad de estudiar y responder a los detalles, estimulando la imaginación y el pensamiento.
Durante siglos ha prevalecido la idea de que la imagen no es más que un complemento del texto. El mismísimo Platón era un claro opositor de la imagen y no dudaba en afirmar que el lenguaje verbal es el único vehículo de la inteligencia. Sin embargo, ahora sabemos que lo visual constituye un lenguaje por sí mismo. El lenguaje visual y el lenguaje verbal poseen cualidades y aplicaciones diferentes y el hecho de que puedan complementarse o que un mismo mensaje pueda comunicarse a través de ambos lenguajes no significa que puedan sustituirse. Para determinados mensajes el lenguaje visual es más claro, directo y rápido, como demuestra el boom de las infografías o algo tan común como las señales de tráfico.
El dibujo es la forma más sencilla y directa de construir mensajes visuales y expresarnos gráficamente. Si lo entendemos como una habilidad humana universal y lo equiparamos al lenguaje verbal, resulta evidente la incoherencia que supone que renunciemos a utilizarlo. Nadie deja de escribir porque tenga ‘mala letra’ o porque no sea un gran escritor. ¿Por qué aceptar que estos mismos motivos justifiquen el que dejemos de dibujar? Al fin y al cabo escribir y dibujar no son tan diferentes si consideramos que las letras son grafismos.
Por otro lado, en el mundo actual el desarrollo de nuestras facultades para leer, interpretar de forma crítica y construir mensajes visuales es especialmente importante ya que vivimos inmersos en una cultura dominada por la imagen. Alrededor del 80% de la información que recibimos nos llega a través del sentido de la vista y el lenguaje visual hace que un mensaje sea más atractivo, más accesible a la comprensión, más persuasivo y más fácil de recordar. Vivimos bajo el estímulo permanente de imágenes que nos llegan a través de los medios y canales de comunicación. Este bombardeo continuo de información en forma de imágenes ha hecho que aprendamos de forma autodidacta a leerlas, pero sólo de forma superficial. Por ejemplo, sabemos leer en una imagen publicitaria lo que su creador quiere transmitirnos -las cualidades del producto que nos harán desearlo- pero no somos capaces de interpretar de forma crítica la imagen publicitaria y descifrar qué ideas subliminales nos está trasladando -como estereotipos de género que consolida- o a qué estrategias puede estar recurriendo para manipularnos. La alfabetización visual, entendida como capacidad para producir y leer imágenes, debe ocupar una posición primordial entre las habilidades que ayuda a desarrollar la educación artística.
¿CÓMO PODEMOS RECUPERAR LA PRÁCTICA DEL DIBUJO Y MEJORAR NUESTRAS COMPETENCIAS EN EL LENGUAJE ORIGINAL?
Es sencillamente una cuestión de práctica pero no es fácil ponerse directamente a dibujar por el placer de hacerlo, lo cual nos llevaría de nuevo al terreno del arte. Si lo que queremos es que nuestros alumnos descubran el potencial del dibujo como herramienta y proceso lo lógico es proponerles actividades en las que pongan en práctica precisamente esto. Estos son algunos ejemplos:
EL BLOC DEL DIBUJO: Ésta no es una actividad en sí misma sino el “contenedor” de todas las demás. Se trata de que cada alumno elija un bloc de dibujo – escogiendo cuidadosamente el formato, tipo de papel y encuadernado que le invite a dibujar – para realizar en él todos sus dibujos. El objetivo es que lo llevemos siempre encima y aprovechemos cualquier momento para dibujar. La única regla es no arrancar ninguna hoja ni borrar ningún dibujo. Algunas ideas con las que llenar el bloc: esquemas, apuntes y mapas mentales de otras materias o trabajos, visualizaciones de problemas de física o matemáticas; un plano de distribuciones alternativas para tu habitación, la lista (gráfica) de la compra o de lo que llevarás en la maleta a un viaje, un plano para indicar a alguien cómo llegar a algún sitio, garabatos mientras hablas por teléfono, una receta (gráfica) de cocina, dibujos que completan fotografías o recortes, juegos como Pictionary… Las opciones son infinitas y no hace falta dedicar mucho tiempo ni entretenerse en los detalles del dibujo. Mirad cómo hacía la lista de la compra Miguel Ángel.
La lista de la compra de Miguel Ángel en 1518

GRAPHIC RECORDING: Es una práctica que se está extendiendo en el ámbito de congresos, cursos y seminarios. Consiste en tomar apuntes visuales de una ponencia (o de una clase) combinando dibujos y texto. Trasladado al aula podemos proyectar un vídeo como una conferencia TED de algún tema de interés para los alumnos para que tomen apuntes de las ideas expuestas de la manera más visual posible. Podemos valorar más positivamente un graphic recording cuanto más claro y fácil de recordar resulte a su creador. Es importante recalcar que no pretende ser estético ni naturalista sino sencillo, completo y esquemático.
 
Graphic recording

TEST DE CREATIVIDAD: Algunos tests de creatividad como el de la imagen no sólo sirven para medir nuestra imaginación sino también para practicar el dibujo. Partiendo de una forma geométrica podemos hacer infinidad de dibujos cuya finalidad no es colgar de las paredes de ningún museo sino visualizar una idea de forma clara y comprensible para cualquiera.
Test de creatividad

El fin último de todas estas actividades es que los alumnos pierdan el miedo a expresarse gráficamente y adquieran progresivamente mayor confianza y destreza para plasmar sus ideas visualmente sobre el papel hasta incorporar la práctica del dibujo como un medio más de expresión útil en todos los ámbitos de su vida personal, académica y profesional.