MOTIVO

Espacio dedicado a toda clase de comentario libre y espontáneo, despojado de intereses de cualquier tipo (y mujer)

sábado, 9 de julio de 2011

FACUNDO CABRAL


El mundo está convulsionado y no es novedad, encontrarnos sorpresas semejantes y noticias espeluznantes como la del asesinato de Facundo Cabral, no es de hoy. Hace tiempo que la vida dejó de tener el valor que debe tener, hace rato que los códigos humanos dejaron de mantenerse como códigos de bien, hace mucho que el día a día, enceguecido por lo material, enloquecido por las bajas y subas económicas, atrapado por los mezquinos vaivenes monetarios está transformando maliciosamente nuestra manera de transitar el corto sendero que nos toca disfrutar, terrenalmente hablando.

La muerte de Facundo Cabral a manos de unos miserables asesinos, movilizados vaya a saber por qué oscuros, perversos y ruines fines, no hace otra cosa que remarcar y profundizar la despreciable maldad por la que algunos mal nacidos se movilizan sin sentido. Digo sin sentido, porque no encuentro razón alguna para matar a otra persona, para terminar con la vida del prójimo, para dictaminar el fin de una vida sea por lo que sea, fuera por lo que fuera. Haya sido por motivos políticos, por venganza hacia el empresario que lo había contratado, por circunstancias de robo en la vía pública, por antipatía personal, por generar caos y descontrol social, por lo que haya sido, no importa, es terrible de cualquier forma. Es terrible que la vida de un ser humano ya no valga nada. Y es terrible también que cada uno de nosotros nos vayamos acostumbrando a la muerte abrupta como algo cotidiano, irremediable y natural. Asistimos casi impávidos a la muerte de cientos de miles de personas anuales por distintos hechos que se van sucediendo, como algo común, normal y es tremendo que esto suceda. Todos los días, vemos y escuchamos noticias del mundo entero donde mueren personas por narcotráfico, por robos, por violaciones, por política, por poder, por lo que sea y nos vamos haciendo inmunes al dolor, al impacto, a lo terrible que significa ser testigos de una masacre permanente de nuestra especie por cualquier motivo existente. Nada es justificable para avalar la muerte de alguien, nadie es dueño de nada para determinar quitar lo más preciado que tenemos, que es la vida. No podemos seguir asistiendo a esta locura generalizada de muerte y terror en la cual vivimos. Cualquier parte del mundo es insegura, cualquier lugar es incierto, cualquier rincón está desprotegido; todos estamos así, inseguros, inciertos, desprotegidos y eso está en nosotros modificarlo. Es muy complejo el tema para reducirlo a un comentario como éste, pero creo que cada uno de nosotros debemos intentar comenzar a modificar esta barbarie que vivimos.

Hoy es Facundo Cabral, un artista único, brillante, ingenioso, talentoso, sufrido, creativo, inteligente, irrepetible y mañana será un anónimo, pasado mañana serán otros y pasado, otros más. Hoy es conmocionante para nosotros porque es una figura pública querida y reconocida como Facundo y mañana será igual de perturbador e inquietante para aquellos familiares o conocidos de la víctima a la que le toque la misma u otra triste suerte. Estoy escribiendo esto y aún no se saben bien los motivos por los cuales asesinaron a Facundo Cabral en Guatemala, pero lo cierto es que lo mataron, lo acribillaron junto a un representante, al chofer de la camioneta que lo transportaba y al empresario que lo había contratado, que logró salvarse. Es tremenda la noticia, pero lo más tremendo es el hecho en sí, cargado de la crueldad despreciable del acto en si mismo y de la incertidumbre que rodea el suceso. Percibir que le arrancaron la vida a un hombre como Facundo Cabral, de la nada, de repente, de manera infame y canalla es un cimbronazo emocional, pero lo es mucho más, saber que este tipo de situación se torna cada vez más común y es preocupante, muy preocupante, porque no hay nada peor que acostumbrarse al espanto, ya que eso nos insensibiliza sin darnos cuenta y nos hace cada vez más fríos y distantes.

Estoy muy apenado por la muerte de Facundo Cabral, famoso en sus comienzos como “El Indio Gasparino”, el trovador de escenarios mundanos, el reflexivo creador artístico, el místico y mítico personaje atrapante, el compositor de canciones tan simples como profundas, el talentoso inventor de textos tan humorísticos como pensantes, el ciudadano de aquí, de allá y del más allá…

Como anécdota y referencia personal, puedo recordar muchas noches compartidas junto a mi entrañable Leonardo Favio, de quien Facundo era muy amigo, cenando en restaurantes del centro de la Ciudad de Buenos Aires, recorriendo bares tomando café y escuchándolos hablar, contando historias, recorriendo ironías, riéndonos de su humor inteligente, disfrutando de su pausado decir, de sus ingeniosos pensamientos, en fin… me siento un privilegiado de haberlo podido conocer, de atesorar estos momentos mencionados, de acaparar esa rica experiencia que Leonardo me permitió vivir junto a él y a Facundo Cabral, un hombre atrapante y un artista inconfundible, inimitable y sin par. A partir de hoy, permanecerá eternamente en la gente gracias a su original obra artística y distintiva, sutil y lúcida forma de contarla. Su voz no callará más, contra eso no han podido los infames, despreciables y ruines asesinos. El destino, muchas veces, nos depara inciertas resoluciones, pero indudablemente, este cruento final de vida, no es el merecido para Facundo. Estoy seguro de que esas balas, por supuesto, no eran dirigidas hacia él y tuvo la mala fortuna de encontrarse en medio de una situación ajena a su figura. Lo lamento mucho, mucho, mucho. Estarás presente por siempre. Chau Facundo. Hola Facundo.

FRASES DE FACUNDO CABRAL

"Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y el segundo, la libertad para vivirla".

"Un día me encontré a un mendigo sentado a un basurero, al que le pregunté cuál era el mejor lugar del mundo, a lo que él me respondió: ¡Éste!. Si aquí me trajo Dios, dudo que en el mundo hubiera encontrado un lugar mejor para mí".

"Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tienen un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol".

"Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria, decía Martín Fierro. Yo digo: el olvido es una gentileza de Dios".

"Somos hijos del amor, por lo tanto no es difícil sospechar que nacemos para la felicidad. Fuera de la felicidad son todos pretextos. Además debemos ser felices por nuestros hijos, pues nada hay como recordar padres felices".

"Mirá si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas".

"Cada mañana es una buena noticia, cada niño es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos...".

"Doy la cara al enemigo, la espalda al buen comentario, porque el que acepta un halago empieza a ser dominado; el hombre le hace caricias al caballo pa´montarlo...".


"El que no esté dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada".

"Fui analfabeto hasta los 14 años, por eso cuando me dicen `no puedo´, yo les digo, `no jodas´".

"Estábamos un día en Nueva York y a la salida del teatro Lincoln Center se me acercó un periodista y me espetó: `Señor Cabral, yo estoy de acuerdo en todo lo que usted ha dicho esta noche, excepto en que Dios es siempre justo. Si Dios fuera siempre justo, usted debería tener tanta difusión, tanto éxito como Julio Iglesias´. A lo que yo le respondí: `Claro que Dios es siempre justo. Julio Iglesias tiene más difusión, más éxito que yo puesto que necesita el dinero mucho más que yo para vivir. Yo, necesito más libertad que Julio para vivir, por eso Dios me hizo más libre".



"La sociedad humana está tan mal por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos".

"Por el mundo caminando, he podido comprobar que el que fácilmente halaga, fácilmente insultará".

"Mi madre creía que el día del Juicio Final el Señor no nos juzgará uno por uno - ardua tarea - sino el promedio, y si juzga el promedio, estamos salvados porque la mayoría es buena gente. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida".

"Diría mi madre: `Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio´".

domingo, 3 de julio de 2011

VOTAR CON RESPONSABILIDAD


Argentina es un país hermoso, que todavía mantiene las cuatro estaciones climáticas (cada vez menos y más acotadas, lamentablemente, por el gran cambio natural de los últimos años); que aún contiene millones de kilómetros cuadrados libres, no habitados ni explotados; que es uno de los lugares con más reservas de agua hacia el futuro; que es dueño de una naturaleza increíble, con paisajes alucinantes, espacios paradisíacos, rincones bellos por donde se los mire, con mucha gente de buena madera y otra tanta no tan buena (los menos, estoy convencido); que a pesar del esfuerzo que vienen haciendo desde hace décadas algunos militares, políticos y ciudadanos comunes equivocados, por destruir y vaciar económica y moralmente nuestra patria, continuamos de pie; un país donde hace falta que todos los que lo habitamos, hagamos un consciente “mea culpa” de lo que nos pasó y nos pasa como sociedad, porque confío plenamente en que tenemos un gran futuro por delante y porque también debemos asumir que los que votamos, avalamos, apoyamos y aceptamos todo lo que nos pasó y nos pasa, somos nosotros también.

A lo largo de la historia, de los jóvenes doscientos años que cumplimos de existencia el año pasado, ha habido tantos aciertos como fracasos, tantas marchas y contramarchas, tantos tires y aflojes, tantas rigideces como elasticidades y tantas coincidencias como enfrentamientos. Personalmente y humildemente, desde mi lugar de ciudadano común y también de trabajador, de artista, pienso que tenemos que intentar llevar adelante entre todos, un país sin más antinomias. Basta de los “anti”, de los antiperonistas, antirradicales, antisocialistas, antimilitares, anti, anti, anti... Basta de los “anti”. Porque el significado mismo de la expresión anti demuestra desde su concepción lingüística, un elemento de confrontación, de estar siempre en la vereda de enfrente, en el otro equipo, sea cual fuera la postura del otro; anti es aquello que se opone, que no está de acuerdo, que disiente permanentemente. Por supuesto que cada quien puede pensar libremente lo que quiera y mantener la ideología que se le ocurra, pero hablo de respetarse, de respetarnos unos a otros, más allá de las ideas encontradas o posturas instaladas en una vereda, que nada tienen que ver con la de enfrente.

Desde que uno se empieza a relacionar con lo que pasa en el mundo y comienza a interesarse por lo cotidiano, lo social y lo político, desde que comenzamos a discernir, escuchamos los reiterados discursos de distintos representantes de diferentes partidos políticos y todos reflexionan, dicen y prometen, más o menos lo mismo: el bien común, la igualdad social, mejor educación, más seguridad, una justicia independiente, respetar los derechos adquiridos, valorar los derechos humanos, mejor bienestar para todos… y está muy bien que así lo expresen, pero el tema se problematiza cuando los años pasan, las caras se van alternando y en forma mínima, renovando. A los que les toca dirigir, los que tienen la suerte de llevar adelante el destino de millones de nosotros década tras década, no logran concretar en hechos todo lo que han dicho en palabras y allí es donde todo se confunde, se entremezcla, se bifurca y volvemos a plantearnos qué es lo que pasa. Y volvemos a enfrentarnos, a discutir, a tomar actitudes equivocadas, a agredirnos, a vapulearnos; me refiero a la clase política toda y también a nosotros, los habitantes de esta tierra, los que construimos y destruimos, los que generamos todo lo bueno y malo que tenemos y nos sucede, los que nos dejamos llevar, muchas veces, por la ira, por el resentimiento, por las mezquindades y no nos damos cuenta que todo eso no hace otra cosa que rodearnos de mala energía y no nos deja avanzar hacia lo que supuestamente todos buscamos: mejorar, lograr los objetivos de cada uno, intentar ser felices o por lo menos, tratar de vivir de la mejor manera posible, la mayor cantidad de tiempo que podamos.

¿Por qué no concretamos, aunque sea minúsculamente, lo que todos deseamos por el bien común? Si tuviera la respuesta o la fórmula secreta, seguramente la hubiese dado a conocer, pero lamentablemente no es así. Existe un conflicto que veo desde mi modesto punto de vista y es que para el ciudadano común, la política se convirtió en sinónimo de combate, de pugna y disputa descarnada que paraliza la toma de las decisiones trascendentes para el país. Se ha extendido la percepción de que la política es un ejercicio estéril, que no responde a los intereses ciudadanos y, por el contrario, se usa para avanzar en intereses personales. La joven democracia ininterrumpida que tenemos desde hace 28 años, generó expectativas que no se vieron satisfechas por su funcionamiento y creo que debemos cambiar urgentemente esta sensación. Lo verdaderamente grave del caso no es que se tenga de la política tal impresión, lo cual es cierto; lo triste, lamentable y atroz es que dicha idea se extienda a la democracia, porque nada puede ser peor que el desencanto democrático de una fracción de la sociedad, ya que puede provocar que no pocos añoren el pasado autoritario y aún deseen ir más allá. Sencillamente, eso no es posible. Por suerte, otra gran parte de la ciudadanía, se encuentra movilizada y participativa, señal que caminamos por el buen sendero y más allá de opiniones, pareceres y posturas de un lado y del otro, es una muy buena señal que así suceda.

Quizás mi creencia sobre que somos muchos más los bien intencionados que los de mala fe, suena un poco lírico, ingenuo o candoroso, si nos dejamos llevar por lo que cotidianamente somos testigos a través del tiempo, pero estoy convencido de que en algún momento, se va a revertir esta percepción negativa que recibimos casi constantemente, a través de una gran cantidad de medios, que pareciera envolvernos en un remolino oscuro sin salida. No quiero politizar mi comentario porque es allí donde se comienza a perder claridad sobre el mensaje que me nace escribir, solo necesito transmitir lo que siento, lo que pienso, lo que me parece y lo que aprecio como un síntoma de claridad general, el hecho de darnos cuenta que está en nosotros mejorar nuestra calidad de vida, está en nosotros asumir los cambios, está en nosotros obtener los ideales, está en nosotros conquistar las metas, está en nosotros enriquecer nuestra alma, nuestro espíritu y por qué no (para aquellos más materialistas) nuestra cuenta bancaria, está en nosotros conseguir los objetivos, está en nosotros votar al más capacitado y al mejor intencionado, está en nosotros modificar lo realizado erróneamente, está en nosotros ayudarnos entre todos, está en nosotros merecer y concretar un país digno, está en nosotros ser mejores seres humanos e inculcarles a nuestros hijos una enseñanza con valores, códigos, honestidad y entereza sin dejar de lado lo que nos divierte, entretiene y alegra el corazón.

Una vez más, tenemos la posibilidad política de elegir nuestro destino social, no la dilapidemos en antinomias, votemos a favor de nosotros mismos, no “en contra de”. Seguramente, si lo hacemos así, a consciencia y con criterio propio, no nos vamos a arrepentir nuevamente, como lo hemos hecho en otras ocasiones, a lo largo de la historia. Deseo fervientemente poder ser testigo del cambio, o por lo menos, del inicio del cambio para que nuestros hijos, nietos y bisnietos tengan y vivan un país mejor de verdad. Argentina es naturalmente bella y rica en muchos aspectos; nosotros, quienes la habitamos, tenemos la oportunidad y la obligación de llevarla adelante, acompañando esa belleza y esa riqueza genuina que tenemos, de la mejor forma posible, con honestidad, responsabilidad y mentalidad bien intencionada. ¡Con fe, optimismo y seguridad!

jueves, 23 de junio de 2011

MANUEL WIRZT EN LA TRASTIENDA


Tengo la gran suerte de contar entre mis amistades más cercanas a algunos artistas que me enorgullecen en varios aspectos, no solo por sentirme querido por ellos, sino también por su representatividad creativa, talentosa y simbólica en nuestro medio. Me gusta poder escribir sobre mis amigos queridos, sobre todo cuando esa amistad se potencia con los años vividos a la par, con los momentos buenos, con los malos, con éxitos y decepciones, con los vaivenes que la vida misma nos va brindando a lo largo del camino que nos toca transitar.


Hoy quiero hablar sobre Manuel Wirzt, un gran amigo mío, uno de mis más queridos amigos, de los más entrañables que tengo, con quien hemos compartido infinidad de circunstancias, tiempos y épocas; a quien me une una relación fraterna que va más allá de las coincidencias que uno pueda tener con quien elabora un ida y vuelta cotidiano a través de los años. Hace alrededor de 20 años que nos conocemos y que otro gran amigo en común (Juan Darthés) nos presentó; ellos habían estudiado juntos en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Buenos Aires y el destino quiso que los dos se volvieran a encontrar varios años después para a su vez, concordar los tres en un férreo compañerismo que se fue forjando sólidamente con el tiempo.

Manuel, además de formar parte de mis afectos más próximos, es un artista cabal, que encierra una serie de virtudes que escasean cada vez más en el ámbito cultural argentino. A mi entender y fuera de toda cercanía y cariño que le pueda yo tener, es un talentoso cantante, compositor, músico, actor, mimo, conductor, director… como pocos existen en nuestro país. No quiero parecer exagerado, tampoco es mi intención alabarlo gratuitamente por mi relación de amistad, pero creo fervientemente que Manuel Wirzt es un gran artista, un excelente cantante, un buen compositor, un inspirado músico, un dúctil actor, un maravilloso mimo, un cálido conductor y un creativo director, que se encuentra en un momento de su vida artística brillante, ya que además, a su rica trayectoria multifacética, se le suma una actual armonía personal que le brinda la madurez necesaria para lograr los objetivos propuestos.

Este viernes 24 de junio, Manuel se vuelve a presentar en “La Trastienda” para compartir con su público las canciones que lo dieron a conocer como, por ejemplo, “Donde quiera que estés”, “Rescata mi corazón”, “Hoy te necesito”, “Un sentimiento” o “Por ganar tu amor”, pasando por “Solo palabras”, “Loco por ti”, “No me exprimas”, “Quimera” y “No me mires así” hasta su nuevo CD “Vení”, que contiene un material de gran calidad y que a mi criterio, se acerca a lo mejor de su producción discográfica junto con sus discos “Magia” y “Una razón”.

Los temas originales que forman parte del nuevo compacto son “No me digas que no”, “Cuando quieras”, “No habrá palabras”, “Vamos mujer”, “Te vas a quemar”, “Tu cura”, “En la cornisa”, “Vení”, “Cuando el amor se acaba” y dos excelentes versiones de “Costumbres argentinas” de Andrés Calamaro y “Ella ya me olvidó” de Leonardo Favio además de una perla musical titulada “La vida” a dúo con el gran Luis Alberto Spinetta.

Los fanáticos y fanáticas que lo siguen desde que comenzó su carrera no se van a sorprender con nada de lo que diga en este comentario, ya que son incondicionales admiradoras / es suyos, pero quizás algún distraído o por qué no, precoz descubridor musical de temprana edad lea estas líneas y pueda interesarse en ir a ver a un talento nuestro, que merece un mayor reconocimiento masivo y popular, ya que el de sus pares lo tiene y muy bien ganado, porque todos quienes lo conocen y lo han visto cantar, tocar y actuar, saben de sus sobresalientes condiciones. Hablo de más reconocimientos y merecimientos a su figura porque a mi entender, muchas veces, nuestra idiosincrasia argentina, nos inhibe de valorar en la medida justa a personas como él, que hacen de su obra, un arte para resaltar.

En el plano personal, además de redundar en mi cariño hacia él, lo hago extensivo a su mujer Andrea Domínguez, a quien también siento de mi familia, al igual que a sus hijos Juan, Bianca y Mora, a los que vi nacer y veo crecer a la par que a mis hijos Luca y Florencia. Y ya que hago referencia al núcleo íntimo de nuestra unión de tantos años, no puedo dejar de mencionar a sus padres Olga y Osvaldo, mi querido “Chupete” y a sus hermanos Javier y Daniel, el talentoso “Tuerto Wirzt”, que a pesar de su ausencia física, permanece presente con su espíritu de eximio baterista en todos los que lo conocimos y disfrutamos.

Los invito, entonces, este viernes 24 a “La Trastienda”, Balcarce 460 en el barrio de San Telmo a las 21 horas para disfrutar de un show donde seguramente la van a pasar muy bien, en compañía de mi hermano de la vida Manuel Wirzt y su ajustada banda integrada por grandes músicos como Sergio Pérez en guitarras y coros, Diego Ortells en teclados, Juan Manuel Saldías en bajo y Silvio Ottolini en batería. Vayan, no se van a arrepentir.


martes, 21 de junio de 2011

BELGRANO = RAGO / RAGO = BELGRANO


“Belgrano” se proyectó por primera vez el año pasado, en los últimos días del mes de noviembre, en la ciudad de Rosario, más precisamente en el Monumento a la Bandera, a cielo abierto y con la asistencia de alrededor de 20.000 personas, bajo el marco del festejo de los 200 años de nuestra Patria. El protagonista del telefilm, horas antes de viajar a la querida ciudad santafecina para asistir al inédito evento de una avant premier multitudinaria al aire libre, tuvo la deferencia de asistir personalmente a la radio donde yo conducía mi programa ¿Qué Pasó? en las tardes del eter argentino, para compartir conmigo más que una entrevista, una charla de amigos. Debo aclarar, para aquellos desprevenidos que no lo sepan o que no vivan en Argentina, que el actor que protagoniza el film es Pablo Rago, a mi entender, uno de los más talentosos actores que tiene Argentina y uno de mis amigos más queridos y entrañables, a pesar de nuestros impasses temporales que nos encuentran y desencuentran en el sendero de la amistad.

Estuve a punto de ver la peli un par de veces en las proyecciones públicas que se vienen realizando desde su estreno hasta la fecha por ciudades, pueblos, barrios, edificios emblemáticos y ferias, como la del libro, por ejemplo, pero por distintos motivos, no pude hacerlo, así que al anuncio de la presentación exclusiva en televisión del largometraje, me dispuse con gusto a disfrutarla en la comodidad del sillón del living de mi casa.

Quiero despojarme del sentimiento afectivo que me une a Pablo para poder ser objetivo y compartir con ustedes mi opinión, sin ninguna otra intención de comentar como mero espectador, un hecho artístico cinematográfico de contenido patriótico y carga histórica. Reitero una vez más, para los que no han leído otros espontáneos escritos míos en este blog, que simplemente, lo hago como una forma de volcar mis pensamientos y sensaciones, que sirven para expresarme y despuntar el vicio de escribir. Y como es un lugar cibernético que utilizo para satisfacer mi espíritu y compartirlo con quienes pasan por aquí, me voy a limitar a decir pocas cosas más que las que me movilizaron a dejar asentado este comentario. Podría hacer una descripción detallada de la buena dirección de Sebastián Pivotto, podría desgranar con ustedes escenas, textos y climas muy bien logrados, podría hacer referencia al enfoque de los personajes tan bien presentados, podría mencionar los grandes logros que se detectan en cuanto a ambientación, fotografía y sonido, podría destacar el buen trabajo de Mariano Torre, haciendo a Gregorio Aráoz de Lamadrid, la justeza y equilibrio del José de San Martín de Pablo Echarri y la naturalidad de Valeria Bertuccelli como María Josefa Ezcurra, podría decir que me pareció un hallazgo del film, mostrar el lado humano, cotidiano y desacartonado del protagonista, podría expresar mi gran gusto por ver a uno de los próceres más importantes de nuestra Patria como nunca antes se lo había mostrado, podría elogiar también la música de Emilio Kauderer, podría, podría, podría…, pero lo que hoy quiero dejar aquí escrito es que me siento feliz de tener un amigo, al cual quiero mucho sinceramente, como Pablo Rago, que quedará eternizado en este personaje que personificó (valga la redundancia) con total sensibilidad, más allá de su oficio como actor, por trabajar desde tan chiquito, porque logró algo que es muy difícil de llevar adelante con un papel de la magnitud de Belgrano: transformarse en Belgrano, ser Belgrano. Pablo es Belgrano. Y lo será para siempre, para orgullo suyo y de su hijo, Vito, que el día de mañana podrá mostrarle a sus amigos, hijos y nietos a su padre, no solo como “su” héroe, sino como héroe de la Patria para todos.

Además de hacer un trabajo actoral espléndido, emotivo, conmovedor, vibrante y sensible, mostrando a Manuel Belgrano con sus pasiones, sus errores, sus aciertos, sus amores, su coraje, su optimismo, su entrega, su furia, sus temores, sus fortalezas y debilidades, lo interpreta tomándolo en carne propia con su lucha por los ideales que el hidalgo defendió con valentía y convicción al igual que lo hace él en su profesión de actor.

El orgullo de poder decir que soy amigo de Belgrano, el creador de nuestra bandera argentina, es un guiño risueño que queda minimizado ante la admiración por el trabajo de Pablo, mi amigo, a quien siento cercano, noble y genuino y por quien sigo sosteniendo, que la amistad es un valor invalorable cuando se mantiene la esencia, la pureza y la honestidad de la relación, cosa cada vez más difícil de encontrar en actitudes y accionares de quienes muchas veces se dicen o se dijeron ser amigos.

Felicitaciones Pablín, los logros profesionales alimentan nuestro espíritu y engrandecen nuestra alma; seguramente tu espíritu y alma se encontrarán en plenitud, no solo por este laburo, sino por muchos otros que has hecho y sin duda alguna, por los que vendrán. Cierro con una frase de tu autoría que alguna vez me escribiste y que siempre llevaré conmigo: "Que suerte que no somos hermanos, me perdería el honor de ser tu amigo!" Te quiero, Pablín.

viernes, 17 de junio de 2011

¿QUÉ PASA CON LA GENTE?


¿Qué es lo que pasa con la gente de los medios? Hablo de todos aquellos que están inmersos en la vorágine mediática (programas de televisión, de radio, revistas, portales de Internet especializados en espectáculos y deportes, etc) que no paran de hablar de gente que apenas conocen como si fueran el centro del mundo o la piedra filosofal. Hace mucho que estamos presenciando un cambio grotesco en el tratamiento periodístico de las noticias, no solo de los que hablan de chismes, sino también de los que trabajan en noticieros, diarios, radios y canales televisivos que reproducen los acontecimientos sociales, políticos y generales. Pero lo más llamativo del caso, es el canibalismo que utilizan los protagonistas que se dedican a hablar de los demás, sin medir heridas, daños y consecuencias; sin ponerse a pensar un minuto que esa gente de la cual opinan, es también gente como lo son ellos; personas que podrían ser sus primos, hermanos, tíos, abuelos, padres, hijos, novias, amantes, mujeres, maridos… inclusive, hasta podrían llegar a ser ellos mismos en otras circunstancias, en otros momentos, en otras posiciones. Son muchas las cosas que quiero decir al respecto, pero no sé si voy a poder volcar todo lo que se me cruza por la cabeza porque sería demasiado extenso, aunque algunos pensamientos puedo compartir: ¿A quién le importa si Zaira Nara le pidió a Diego Forlán 30.000 euros por mes para firmar el precontrato matrimonial que él (dicen) le exigía firmar, antes de unirse como marido y mujer, para dejar en claro que su dinero antes de conocerla, era solo de él? ¿A quién le interesa saber si Diego Forlán le prestaba plata al padre de las chicas Nara? ¿A quién le intriga conocer la cantidad de preservativos que usaban por relación cada vez que estaban juntos? ¿A quién carajo le importa algo de lo que vienen hablando desde hace semanas sobre Juanita Viale, Martín Lousteau, Gonzalo Valenzuela, Mirtha Legrand, Marcela Tinayre, Marcos Gastaldi, Valeria Gastaldi, Nacho Viale, su novia actriz, el perro de la familia y el encargado del edificio al cual le rompieron la cabeza para robarle joyas y plata a la reina de los almuerzos de los mediodías argentinos? ¿A quién le atrae ver en todos los noticieros de TV, supuestamente realizados para informar sobre las cosas importantes que suceden en el mundo, los pormenores de la intimidad de tal o cual personaje famoso, mediático o siquiera fugazmente reconocido? ¿A quién le puede gustar pasarse horas y horas y horas frente a la pantalla chica, observando y escuchando opiniones de uno y otro y otro y otro sobre fulano, mengano, sultano y/o perengano? ¿Cómo pueden ocupar el preciado espacio televisivo, radial, gráfico y cibernético, dedicándose a comentar, inventar, embestir, ofender, humillar, ultrajar, injuriar, agraviar, degradar, denostar y unos cuantos “ar” más, sin ningún remordimiento ni análisis criterioso de los temas que se largan a rodar?

Evidentemente los valores se han trastocado, las prioridades ya nos son las que creíamos, hoy todo pasa por el escándalo, la pelea, “el deschave”, lo burdo, la injuria, la discusión, lo dramático, lo chabacano, lo bizarro, lo “border” y nada de lo que no sea o roce todo esto que menciono, importa más. Estamos tan inmersos en esta locura, que hasta los medios que uno suponía “serios” y “responsables”, se han transformado en amarillistas, extremos y sin códigos. No quiero mezclar la política en todo esto, aunque podría hacerlo, porque también está viciada de excremento mediático, de falta de ética, de posturas miserables, de actitudes mercenarias y de ausencia de valores; Esos mismos valores que hoy ya no existen ni para los periodistas ni para los protagonistas que se prestan al juego.

Y los que tratamos, en la medida de las posibilidades, quedar al margen de toda esta basura revuelta, quedamos justamente, marginados en cierto punto, porque seguimos creyendo, me corrijo y hablo por mí, sigo creyendo que más allá de gustos y pareceres, lo que hay que seguir sosteniendo es el trabajo, lo que uno hace, lo que se realiza con sacrificio, con buena intención, guste o no guste lo hecho, no importa, queda en un plano secundario; lo que quiero remarcar es que los que pensamos que está mal esto que presenciamos como espectadores, oyentes, lectores y consumidores, tenemos que bregar para modificarlo. Releo lo que escribo y me pregunto internamente: “¿Suena muy pelotudo lo que digo?” No sé, no me interesa… que suene a lo que suene, es lo que pienso y estoy seguro que hay muchos que coincidirán conmigo, a pesar de que otros muchos cedan ante la ambiciosa realidad económica y se dejen llevar con el justificativo siempre salvador para estos casos de “tengo que darle de comer a mis hijos”. Yo también tengo que darle de comer a mis hijos, pero no vendiendo mi honor, mi moral, mi autenticidad y mis principios, porque en definitiva, a la hora de la verdad, por más plata que uno gane para “alimentar a los chicos”, si ese dinero es amoral, por lo menos a mí, me costaría mirarlos a los ojos a ellos, a quienes les debemos ofrecer un país, un mundo bastante mejor que el que venimos teniendo. Educación, respeto y honestidad son palabras que solemos escuchar frecuentemente en boca de políticos y referentes sociales, a la hora de mencionar logros y objetivos para alcanzar, pero si seguimos dejando todo librado al destino incierto de la ignorancia, desidia y falta de valores, difícil, muy difícil se nos va a hacer, obtener buenos resultados.

Y ahora, me voy a descansar, que mañana tengo que seguir promocionando mi nuevo disco; de paso, si gustan, pueden adquirirlo en su disquería amiga. Ya saben: FAVIO Y YO, con las canciones de mi entrañable Leonardo Favio, para revivir momentos que han marcado a varias generaciones en toda América Latina.

domingo, 12 de junio de 2011

¡¡¡GRACIAS MARTÍN!!!

Quiero dedicarle hoy, mi humilde lugar cibernético a un jugador de fútbol que más allá de su profesión y representatividad, es un símbolo y un sentimiento hecha pasión. Él se llama Martín Palermo y esta tarde-noche jugará su último partido en la cancha de Boca, equipo de mis amores y club que lo ha cobijado deportivamente desde 1997.
Se ha dicho, escrito y polemizado mucho sobre su figura y manera de jugar, los detractores de siempre lo tildaron de patadura, burro, bestia y otros sinónimos por el estilo, sus simpatizantes lo hemos defendido “a capa y espada” (por lo menos, yo lo hice siempre) ante alguna circunstancia desfavorable, algún gol errado o penal desviado, los periodistas han ocupado horas, días, semanas, meses y podría llegar a arriesgar hasta años de sus horas de vida laboral, hablando bien y mal sobre él, los hinchas de otros clubes lo han criticado, insultado y vapuleado, pero también, terminaron admitiendo su importancia e indiscutible raza goleadora. Como suele suceder con los personajes que traspasan sensaciones y pareceres, Palermo es un sentimiento, a esta altura de los hechos y más allá de estadísticas, numerologías, cantidad de goles oficiales y no oficiales, hoy se despide de La Bombonera, un símbolo muy importante para los hinchas de Boca; no solo por todo lo que nos brindó dentro de la cancha (que fue realmente mucho), sino por lo que representa fuera de ella, también.
Martín, “el Loco”, “el Titán”, “el Optimista del gol” es un hombre que ha sabido llevar su carrera deportiva y su vida personal dentro de un marco de respeto, seriedad, profesionalismo y estabilidad que pocos han podido lograr. Por supuesto que mi admiración por él de hincha fanático, no me obnubila ciegamente para saber que es un ser humano con errores y virtudes, como todos tenemos, pero su ejemplo de temple, respeto, caballerosidad, ubicación y humildad, lo colocan entre los futbolistas destacables de la historia de nuestro deporte más popular. Ni hablar de su grandeza dentro del área, de su espíritu de lucha, de su incansable insistencia para lograr el objetivo deseado, de su fortaleza arrolladora, de su cabezazo irrepetible, de su aptitud ganadora y su “estrella” única que lo ha llevado a vivir situaciones límite en su carrera profesional y vida personal que lo ayudaron siempre a rehacerse y salir adelante.
No quiero hacer de este reconocimiento escrito hacia su figura, un texto muy extenso, solo darle mi agradecimiento de hincha bostero por todas las alegrías que me hizo vivir, que nos hizo vivir, por esos goles definitorios y los que no lo fueron tanto (porque siempre los goles son importantes), por los gritos interminables a boca y corazón abiertos que cientos de veces compartimos con él, por los goles a River, al Real Madrid, a todos los equipos que enfrentó, por el gol que clasificó a Argentina al Mundial de Sudáfrica 2010, por su pasión, su generosidad, su humildad (reitero estas virtudes porque no son comunes encontrarlas con tanta nobleza en un jugador que ha logrado lo que él alcanzó), su reconocimiento al hincha de Boca, su decisión de retirarse con la camiseta xeneize, por su incansable búsqueda de victoria, por su compañerismo y por habernos hecho felices durante tantos años seguidos.
Palermo, Martín, mi querido Martín Palermo está en el podio de los más grandes jugadores de la historia de Boca Juniors junto a otros grandes emblemas nuestros como Maradona, Riquelme, Rojitas, Barros Schelotto, Tévez, Gatti, Mouzo, Marzolini, Márcico, Roma, Potente, Rattín, Varallo, Boyé, Suñé, Córdoba, Batistuta, Giunta, Sarlanga, Pernía, Abbondanzieri, Ibarra, Cherro, Navarro Montoya, Pescia, Battaglia, Tarasconi, Madurga, Lazzatti, Martínez, Bermúdez, Latorre, Musimessi y tantos más
Mi profundo agradecimiento a vos Martín, porque me hiciste vibrar, gritar, alegrar y hasta llorar como hincha de fútbol. Mi eterno respeto como goleador y persona. Mi profunda gratitud por haberte podido disfrutar tantos años como espectador presente en la cancha donde hoy te despedís del fútbol. Me siento un privilegiado, no solo por el hecho de haber podido ver en vivo a Diego, de disfrutarlo hoy a Messi, sino por la gran posibilidad de decir el día de mañana: “Yo grité todos los goles de Palermo”.
¡¡¡Gracias por todo Martín!!! ¡¡¡Gracias, gracias, gracias, muchas gracias de todo corazón!!!

miércoles, 18 de mayo de 2011

"FAVIO Y YO"


Es una buena etapa de mi vida; me siento pleno en muchos aspectos, estoy conforme conmigo mismo, puedo determinar libremente mi destino, elegir mis compañías, la forma como trabajo, los amigos que quiero y me quieren, amar a mi familia, disfrutar mi profesión y hacer de mi vida lo que siento y decido. Como siempre, la vida compensa las cosas, todas estas posibilidades que las decisiones libres ofrecen, son acompañadas por algunas viscicitudes encontradas, las cuales se basan en lo meramente material, que analizadas fríamente, no son lo más importante. Los seres humanos, en un gran porcentaje, somos ingratos con lo que tenemos, con lo que alcanzamos y con lo que deseamos. Muchas veces, estamos insatisfechos con lo conquistado. Cumplimos una meta y ya pensamos en la próxima, sin disfrutar lo que nos está sucediendo en el momento; logramos un objetivo y queremos otro nuevo, inmediatamente. No valoramos como deberíamos hacerlo, la salud que tenemos, el amor que nos rodea, las cosas que hemos adquirido a lo largo del tiempo…, siempre queremos más, permanentemente añoramos lo que vendrá, lo que aún no está, lo que todavía no obtuvimos. Por supuesto que no está mal, seguir avanzando, continuar superándose, intentar un mejor bienestar y cumplir los sueños que la imaginación y las ganas nos ponen por delante, pero a lo que me refiero, es a disfrutar lo que nos toca, valorar lo que hemos conseguido en la vida, lo que conservamos. Sin duda alguna, que todos pasamos por buenas y malas, por mejores y peores momentos personales y profesionales, pero también debemos valorar lo alcanzado, no importa cuán alto haya sido ese logro, qué tamaño tenga, cuanto peso cargue y fundamentalmente, aquellos que tenemos la dicha de tener salud, ser agradecidos por esta feliz circunstancia.

Este prólogo, que sirve como introducción a lo que quiero compartir con ustedes hoy, está despojado de falsas modestias y posturas hipócritas, porque si bien yo también tengo problemas personales y profesionales, procuro transmitir de manera simple y franca, los sucesos buenos que me ocurren. En algunos días más, se edita mi nuevo disco que contiene canciones de mi querido Leonardo Favio. Es un CD que forma parte de un proyecto que basado en el cariño, la admiración y el reconocimiento personal que siento por él, traigo conmigo desde hace un buen tiempo a esta parte. Es para mí un gran orgullo poder compartir públicamente lo que ha significado Favio en mi vida, más allá de su figura popular, de la trascendencia masiva, de sus exitosas canciones y de su respetada cinematografía. Haciendo balances y sacando conclusiones de lo vivido junto a él desde muy niño, puedo asegurar que soy cantante por lo que representó su figura en mí. La admiración que provocó desde mis cinco años y sus treinta y uno hasta el día de hoy, hicieron que siguiera por el sendero artístico, quizás, basado en su imagen.

Atesoro en mi interior y de manera entrañable los infinitos momentos compartidos con él, con Carola, su mujer, con sus hijos Leonardo, Nicolás y María Salomé a quienes desde diferentes lugares y en distintos momentos de la vida, han participado de la mía muy preciadamente.

Este nuevo paso discográfico en mi carrera, no solo es reconfortante artísticamente sino también emocionalmente porque crecí escuchando sus canciones, algunos de los temas que he grabado en este disco, son los mismos que hacía a mis ocho, nueve, diez años cuando me ponía frente a un gran espejo que tenía en el living de mi casa, con mi madre como espectadora obligada y lo imitaba con un micrófono de juguete.

Los temas que contiene esta producción son, en parte, la banda de sonido de un espectáculo basado en anécdotas e historias compartidas con Favio, al que se suman imágenes de su vida y fragmentos de todas sus películas.

Los arreglos y la dirección musical le pertenecen a Sergio Pérez, un músico sensible, detallista, cuidadoso y respetuoso, que sin dejar el espíritu original de cada tema, le da un delicado aire renovado a las canciones. Un gran artista que, a través de mi amigo Manuel Wirzt, descubrí también como una persona de gran valía.

Estoy convencido de que las cosas se concretan en ocasiones y circunstancias determinadas para coincidir, a su vez, con momentos especiales como los que me tocan vivir, ya que este lanzamiento musical (el undécimo de mi recorrido discográfico hasta aquí) se amolda a un renovado impulso de mi camino internacional dentro de la música, donde estoy retomando el contacto con los países que hace un poco más de dos décadas recibieron mis canciones y aún hoy, las mantienen vigentes.

Existe un pensamiento popular que transmite una gran verdad: “A los artistas, los hace la gente” y en estos tiempos confusos donde todo se mezcla y pareciera dar lo mismo el agua que el aceite, (o por lo menos, muchos medios se encargan de mostrarlo así) reafirmo con ganas y placer, que es verdad; los artistas existimos, perduramos y nos consolidamos por la gente. En mi caso particular, debo agradecerle al público que gusta de las baladas, el hecho de haber transformado un par de canciones mías en temas propios de varias generaciones. Y me enorgullece decirlo, ya que gracias a esas melodías y a esas letras románticas, muchos artistas permanecemos en el tiempo, en contacto con aquellos que alguna vez se emocionaron, movilizaron o simplemente entusiasmaron con ellas, a pesar del poco espacio en los medios masivos y la casi nula difusión del repertorio en cuestión que existe actualmente. Y vuelvo a la gente, a los que hacen o no hacen a los artistas, a los que a pesar del lapso transcurrido, de los vaivenes del negocio, de las modas y los gustos, logran conservar esa conexión inexplicable que a veces se da entre el público y los artistas.

Aprovecho este comentario para incluir un agradecimiento sincero y especial para los queridos amigos latinoamericanos que posibilitan mi regreso artístico a lugares entrañables donde he recibido siempre afecto y amor como Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Santo Domingo, México. En mayor o menor medida, estos países me han brindado la posibilidad de mantenerme en el tiempo, en una profesión donde cada vez se hace más difícil perdurar. Ya no existen más los llamados artistas “de catálogo”, como antes se los mencionaba en el ámbito musical a los que desarrollaban una trayectoria duradera; hoy todo es “éxito para hoy, la nada, para mañana” (parafraseando la famosa frase “pan para hoy, hambre para mañana”).

Estoy feliz por volver a recorrer lugares que conocí desde muy jovencito y que hoy me reciben con la misma calidez de siempre; me siento afortunado de editar un nuevo disco, aunque la industria discográfica se encuentre vapuleada por la piratería y aturdida por Internet; tengo la suerte de grabar canciones que me gustan y emocionan, además de complacer mi alma y espíritu con un reconocimiento público a mi ídolo de siempre: Leonardo Favio.

Espero que les guste y que la opinión de aquellos que escuchen el CD, se acerque, aunque sea un poquito, a las cosas tan lindas que él me dijo, cuando me hizo saber su opinión. Una inmensa satisfacción personal, un gran orgullo que llevo dentro mío y que me acompañará por y para siempre.